
Fernando Díaz, que durante doce años ha sido el párroco de Lugones, deja el cargo para llevar a cabo labores humanitarias en Ecuador, por un tiempo indefinido. Aunque asegura que le gustaría poder volver a Asturias, ya que aquí es donde reside su familia.
Además de prestar sus servicios en la parroquia de Lugones, Díaz Malanda también lo ha hecho en Gijón, Ventanielles y como capellán penitenciario de Villabona.
«Gracias, porque con este premio se expresa que mi vida consiste en tender puentes entre las personas» comenzó su discurso el párroco. Díaz Malanda agradeció a todos los ciudadanos del municipio sierense su acogida desde que llegó, ya que como comentó le han ayudado a ser el cura que ahora es.
«Ayudar a otros»
Según el párroco « ha llegado el momento de ayudar a otras personas que lo necesitan», por eso ha decidido viajar al país latinoamericano. «Os agradezco la cercanía y amistad que me habéis mostrado, y recordaré este trozo de historia que hemos vivido juntos». Con estas emotivas palabras Díaz Malanda ponía el punto y final a su discurso.
El jurado afirmó que el premio recayó en Fernando Díaz «por su gran labor pastoral en el municipio durante doce años». En esta ocasión el galardón tiene un carácter más sentimental y afectivo que en ediciones anteriores, puesto que es la forma que han elegido para despedirse del párroco. De esta manera, Fernando Díaz podrá mirar en cualquier lugar en el que se encuentre la placa conmemorativa y acordarse de los buenos recuerdos y momentos vividos en Lugones, ya que como él aseguró siempre va a estar muy cerca de este municipio que le acogió y de Oviedo, ciudad en la que nació.
Antecedentes del premio
El premio Puente Vieyu consiste en una placa conmemorativa en la que aparece uno de los mayores tesoros artísticos con los que cuenta el municipio: un viejo puente medieval construido entre los años 1408 y 1412.
El galardón fue creado en 1973 con el fin de distinguir anualmente a personas o entidades que destacan por promocionar la localidad de Lugones. El precursor del premio fue Julián Alonso Flórez y el galardón pasó por dos etapas.
La primera de ellas comprende los años 1973 y 1981. Después de quedar dos años desierto, en 1984 el grupo folclórico La Sidrina se convirtió en copatrocinador junto a Julián Alonso, quien falleció en 1991. Le sustituyó su hijo Julián Alonso Cuesta.





