
Ahora, con el aniversario de su muerte recién cumplido y pocos días después del 14 de abril que conmemora los 77 años de la II República, no viene mal recordar que el autor tuvo presente Gijón en su obra. Escribió en el año 1937 una serie de poemas, el primero de los cuales es un himno a los voluntarios republicanos, titulados de forma genérica como 'España, aparta de mí ese cáliz', entre los que se encuentra el titulado 'Varios días al aire, compañeros...'. Es en éste cuando Gijón aparece presente en los hermosos versos de un hombre nacido en 1892 a 3.500 metros de altitud, en Santiago de Chuco, en el seno de una familia numerosa. « Varios días, Gijón;/ muchos días, Gijón; / mucho tiempo, Gijón; / mucha tierra, Gijón;/ mucho hombre, Gijón;
y mucho Dios, Gijón, / muchísimas Españas ¿ay! Gijón», dejó escrito el ilustre autor. Considerado como uno de los grandes renovadores de la poesía del siglo XX, su corta vida -murió con 46 años- se desarrolló entre su Perú natal y Europa, de forma especial París. Se formó en la Universidad de Trujillo, en su Perú, y fue allí donde comenzó a frecuentar la literatura, primero con la bohemia de esta ciudad y más tarde en Lima, donde llegó a conocer a José María Eguren y Manuel González Prada. Ya comenzó a publicar entonces en la revista 'Suramérica' antes de tomar rumbo a Europa.
Se ganaba la vida Vallejo como profesor en el colegio Barros, del que llegó a ser director, y el Guadalupe. Corría 1919 cuando se publican 'Los heraldos negros', poemas duros que precederían a 'Trilce', escrito en su mayoría en la prisión cuando fue injustamente encarcelado al regresar a su casa en Santiago en 1920 y ser acusado de un delito que no cometió. Esta última obra ya anticipaba lo que estaba por venir, una poesía de vanguardia que marcó un antes y un después.
En la vida de César Vallejo aún quedaban muchas cosas por pasar. Aún tenía que enamorarse de nuevo y hacer de Europa su hogar. Fue en 1923 cuando viajó a París, la ciudad en la que entabló amistad con el español Juan Larrea, la misma desde la que se desplazó a Rusia primero y a España después (obtuvo una beca en el año 1930), donde su militancia comunista se transforma en compromiso cada vez más efectivo. Sus poemas sobre la República española son perfecto ejemplo.
Su vida era completa y activa. Su poesía crecía y se hacía más viva. Pero un Viernes Santo una enfermedad desconocida se lo llevó joven y dejó sus versos para la celebración y el recuerdo.





