
«El ambiente del equipo fue excepcional durante todo el campeonato», señaló Emilio Núñez, director deportivo de la entidad de El Natahoyo que, aunque a distancia, ya que permaneció en Gijón durante el torneo, también sufrió lo suyo.
Todos daban por buenas las numerosas renuncias que hay que asumir para estar al máximo nivel en una competición como la Copa de España, en la que se citaron buena parte de los mejores especialistas. No es fácil conciliar la actividad académica, en la mayoría de los casos universitaria, o el trabajo con la práctica de la natación. Salvo Marcos Rivera, que está entregado al completo en hacer realidad su sueño de participar en los Juegos Olímpicos de Pekín, todos tienen su proyecto personal en marcha al margen esta disciplina, con la que saben que no conseguirán solucionar su futuro, una vez dejen la competición.
Por eso, algunos ya están, los menos, inmersos en su actividad laboral. Víctor Mendoza, con su flamante título de arquitecto técnico en la pared de su oficina, hace sus pinitos en una constructora, mientras que Héctor Paradiñeiro vela por los intereses de la empresa familiar, aunque ello le obligue a desplazarse a diario desde Mieres a Gijón para prepararse junto a su compañeros.
Buena parte de ellos no han tenido ni un minuto de descanso y están ahora en Almería, participando en el Campeonato de España Universitario.
El benjamín y el capitán
Daniel Rodríguez es el benjamín del grupo y a diario tiene que dar el nivel en su instituto. Víctor García es el capitán del equipo y sueña con ser médico, carrera en la que ya está en segundo curso. Para Álvaro García Moreno la formación no acaba nunca y, tras finalizar sus estudios de Magisterio en Educación Física, esta última temporada se entrena en A Coruña, donde estudia Ciencias del Deporte.
Diego García Rapado y Saúl Castellanos comparten pupitre a diario en la Laboral, en Empresariales. Y no muy lejos de allí, el otro Álvaro García, en este caso Pastor, tiene cada vez más cerca lucir en la solapa de su chaqueta la insignia de ingeniero técnico.
Gregorio García, que mantiene viva la impronta que dejó su hermano Sergio en la formación olayista, es el que lo tiene más difícil, ya que además de entrenarse a diario como el que más, estudia Económicas y, también, trabaja.
Hay vida después de la natación. Todos ellos los saben, pero de momento a buen seguro que nunca olvidarán esta gesta de llevar, de nuevo, al Santa Olaya a lo más alto.





