
-¿Se puede confesar la verdad de las mentiras o eso le resta misterio a la literatura?
-Este ciclo ampara con una frase metafórica algo que tiene mucho que ver con la ficción. Digamos que la ficción construye universos de invención que en la manera de estar tramados tienen una estructura embustera o mentirosa, pero acaban teniendo un sentido, poderío o fascinación a través de su verosimilitud enormemente verdadera. Ese es el juego de contradicciones entre la realidad, la imaginación, la vigilia, el sentido, el sinsentido...
-Ahora mismo, ¿la literatura es más verdad o mentira?
-La gran literatura tiene siempre un trasfondo fuerte de embuste, porque parte de su fascinación está en su capacidad de contarte algo como si fuera verdadero.
-¿Cuál es su verdad literaria?
-Yo soy heredero de las viejas tradiciones orales y ahí hay un un juego primigenio o una realidad en la ficción como muy antigua que lleva un poco a lo mítico y que consiste en unir lo que tú puedes inventar y la realidad. Es como una creatividad muy primitiva en la que había que contar el mundo para entenderlo, y en ese contexto el cuento se situaba entre las primeras sabidurías y era un intento de descifrar -a través de los signos, de las palabras, de las metáforas, las imágenes literarias- el sentido de vivir en el mundo en el que estabas. Esto parece un poco antiguo, pero es lo más moderno que hay y no hay mayor futuro para la ficción que esa enorme deuda con esa imperiosa necesidad que tenemos los seres humanos de contar y de que nos cuenten.
-Habla de su herencia literaria y dice que el futuro es siempre contar, pero ¿cambiará la forma de contar en un mundo tan visual como el actual?
-La gran literatura filtra siempre el latido de la época en que sucede, es un espejo de la realidad. Un espejo complejo, fragmentario, que se ha roto mil veces y recompuesto otras mil. ¿Cómo afectará este excesivo mundo de la imagen? No creo que suponga nada para la literatura, puede contribuir a que se refugie en sí misma para decir 'la imagen es la imagen y la palabra es la palabra'. Como sabe, la mayor tontería que se dijo en el siglo pasado es aquello de que una imagen vale por mil palabras. Es al revés.
-Pero la palabra tiene mucha competencia hoy.
-Por supuesto, por eso vivimos tiempos en los cuales la literatura está un poco ensimismada buscando refugios en los que hay un intento a veces de autodefensa. Pero eso puede ser una característica de un tipo de literatura que busca su propia identidad en la ficción narrativa y que se defiende contra el medio hostil. Pero mientras no nos cambien el chip cerebral, la palabra sigue siendo la herramienta básica de nuestra comunicación.
Defensa
-¿Hay que defenderse contra esa cultura visual?
-Leer es un ejercicio creativo y ser espectador no tiene por qué serlo. El mundo excesivamente invasor de la imagen pide espectadores pasivos, quiere tenerte quieto y hacerte una sobrecarga de emisiones, y yo creo que contra eso hay que defenderse, pero la mejor autodefensa que hay es la lectura, el libro sigue siendo el instrumento más revolucionario que existe en la cultura humana, porque nos atañe más profundamente y está comprometido con nuestra propia identidad.
-¿No hay peligro?
-Hay muchos riesgos, como en todos los avatares de la vida. Pero creo que el grave riesgo es la búsqueda del consumidor, la trivialización de los productos. Hay intentos degradadores de la propia novela, de rebajar las cosas para que el lector sea también un consumidor pasivo. Eso está ocurriendo.
-Usted es académico. ¿La lengua está en peligro con tantas nuevas formas de comunicación?
-La lengua está en la vida. La hace, la maltrata y la bientrata el pueblo y tiene los vaivenes del mundo en que vivimos. Eso siempre ha sido así. Este es un momento en el que elementos de la revolución tecnológica inciden en el lenguaje degradándolo, así que supongo que hay que andarse con cuidado. Vivimos en un mundo extremadamente complicado y poco complejo y la lengua está en ese circuito. La Academia debe marcar pautas de comportamiento lingüístico, porque es mejor hablar bien que mal, pero sin hacer de policía del lenguaje.
-Hoy se entrega a Juan Gelman el Cervantes. Se van a cambiar las bases del premio, ¿qué le parece?
-Está bien, los premios institucionales tienen que ser lo más depurados posibles en cuanto a la forma de elegir los jurados para que al final tengamos la honorable sensación de que las cosas se hacen con criterios objetivos.





