
De los labios de casi una quincena de hombres y mujeres surgieron historias reales e inventadas, nacidas de la imaginación de otro, e incluso de la propia, en las que las fábulas, las poesías y las confesiones tuvieron una presencia estelar. Tal vez porque el marco en el que se desarrollaron las lecturas aportaba de por sí su propio protagonismo. «Los pacientes están aquí solos, preocupados, y un libro ayuda mucho. El libro tranquiliza, nos ayuda a vivir, a trabajar, a confirmar certezas y a salir de errores», dijo la doctora Adela González, que lleva participando en este Día del Libro hospitalario desde su nacimiento.
El acto lo abrió la doctora Montserrat Farras, directora médica del centro sanitario, quien disculpó la presencia comprometida del gerente, Juan Martínez Cossent. Y fue la traumatóloga quien abrió las lecturas con una fábula divertida y ácida de Augusto Monterroso, el escritor mexicano que donó su obra a la Universidad de Oviedo. Se llama 'El conejo y el león' y encierra todo un sentido de la vida.
Tras recibir un pequeño ramillete de una singular variedad de crisantemos y un libro, 'Leer con la naturaleza' de Carmen Ruiz-Tilve y Ana Belén Rico, el testigo lo tomó el director de Gestión, Javier Barrientos, quien continuó por la senda sudamericana con un pasaje de 'Rayuela', de Julio Cortázar. Después, la doctora Paz Corte recordó a Ángel González con el poema 'Así parece', antes de que Laura Fernández, Félix Martínez, Marina Carrera, Charo Antolín, Rocío Gómez y Caridad Santamarta desnudaran sus almas con textos propios y emotivos.
Pero también hubo espacio para los autores ajenos. Marta Sádaba leyó a Gerard Durrell, Jesús Colomo recordó a 'El inventor de historias', Piedad Gardon al 'Niño del pijama a rayas', Margarita González leyó a Sergi Pámies, Adela González a Muriel Barbery e Isabel Vázquez a Mario Benedetti. Un retahíla de lecturas con un sonido literariamente agridulce.





