
No se puede decir que el estado de la mar haya sido especialmente favorable esta primavera, como lo demuestra la circunstancia de que el pasado 10 de marzo se registraron olas de 13,3 metros, las mayores desde que se efectúan mediciones. Sin embargo, una semana después de la citada efeméride, el 17 de marzo, la Autoridad Portuaria anunció el inicio de los vertidos terrestres en los taludes interiores. Es verdad que hasta se llegó a estudiar la posibilidad de mantener dichos vertidos durante todo el invierno, pero la posibilidad de que romper el espaldón del Dique Príncipe de Asturias pudiera afectar a la actividad de la EBHI aconsejó esperar momentos mejores y, por lo tanto, hay que entender que los responsables de la obra consideraron ya a mediados de marzo que había pasado lo peor.
Si no hay novedad, los vertidos terrestres no tendrán que ser ya nuevamente interrumpidos el próximo otoño. La razón es que el objetivo fijado para este verano es concluir tanto el nuevo Dique Norte como el contradique, es decir, completar las infraestructuras de abrigo, de forma que ya no habrá peligro de que el oleaje invernal dañe la terminal granelera.
La UTE Dique de Torres ya tiene preparados los 16 cajones que deberá fondear para alcanzar el referido objetivo. El de ayer fue el primero de los 17 que tenía prefondeados a la espera del buen tiempo (marítimo, se entiende).
Hasta ahora, la peor campaña veraniega fue la primera, en 2005. Las obras acababan de empezar y el primer avance con vertidos terrestres se encontró con un madrugador temporal que se llevó en setiembre varias decenas de metros. Desde entonces, la abundante protección de bloques de hormigón evitó más daños relevantes.





