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Al otro lado de los muros
Trece reclusos de la cárcel de Villabona llevan a cabo un pionero curso de reinserción penitenciaria en el concejo de Grandas de Salime
23.04.08 -

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Al otro lado de los muros
CORDIALIDAD. Antonio, uno de los reclusos que forma parte del proyecto, charla con las voluntarias de Cruz Roja. / L. H.
La Libertad, una canción de Andrés Calamaro, dice en una de sus estrofas: «La conocen los que la perdieron, los que la vieron de cerca, irse muy lejos y los que la volvieron a encontrar, la conocen los presos». No son libres, todavía, pero durante un mes, un grupo de 13 reclusos, once hombres y dos mujeres, de la prisión de Villabona podrán sentirse casi libres mientras realizan un curso práctico de jardinería durante 100 horas en Grandas de Salime.

Este curso, denominado Jardinería y Restauración del Paisaje, se realiza a través del Instituto de Formación de Estudios Sociales (IFES-UGT), el Ayuntamiento de Grandas Salime y la Cruz Roja y está financiado con cargo al Fondo Social Europeo.

El programa, pionero en España, está formado de una parte teórica que se impartió previamente en el centro penitenciario y de una parte práctica que se está realizando, desde el pasado lunes y hasta el 19 de mayo, en Grandas de Salime. Los reclusos se encargarán durante ese periodo de acondicionar el terreno para crear un área recreativa.

El perfil de los presos es muy variado, aunque todos pertenecen al Centro de Integración Social de la cárcel de Villabona y se encuentran en régimen de tercer grado o bajo el artículo 100.2, un segundo grado con ciertas ventajas.

Para su control, cada uno de ellos lleva una pulsera de seguimiento que se conecta por las noches, aunque ellos mismos confiesan que «no nos merece la pena intentar irnos». En Grandas se alojan en el albergue de Los Castros, bajo la supervisión de 12 voluntarias de la Cruz Roja -3 distintas cada semana- que se encargan de dirigir actividades dinámicas por las mañanas, ya que el curso se desarrolla por las tardes. Las actividades están planificadas en base a unas temáticas establecidas, como por ejemplo, conocer el entorno con excursiones y rutas arqueológicas.

«Personas normales»

Tanto los reclusos, como las voluntarias que trabajan con ellos insisten en una cosa: «La gente no es consciente de que cualquiera puede acabar en la cárcel, no es nada complicado». Algunos de ellos señalan que «nosotros somos personas normales, con una vida como las de los demás, pero que por diferentes circunstancias hemos terminado aquí».

Todos ellos son conscientes de que con este tipo de cursillos están dando un paso adelante para reinsertase lo antes posible en la sociedad y, también, si el programa tiene éxito, pueden abrir las puertas a otros muchos presos.

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