Una de las primeras veces en las que se pidió, hace ya más de un siglo, que no se aplaudiese entre los movimientos de una misma obra fue, precisamente, en el estreno de la 'Sonata en La Mayor' de Cesar Franck, escrita originalmente para violín y piano. La razón que se daba era que el sentido cíclico de la obra, en la que un motivo melódico pasaba, transformándose y ampliándose a todos los movimientos, no se debería interrumpir por los aplausos. El caso es que esta costumbre llegó a ser norma, impulsada por esta obra maestra de la música de cámara. La versión para violonchelo sin restarle agilidad a la sonata, le da morbidez, profundidad y equilibrio, especialmente en el último movimiento, a esta sonata interpretada con lirismo, intensidad apasionada y una sensibilidad dialogante entre piano y violonchelo.
En la primera parte se interpretó, con una sonoridad muy equilibrada y natural la 'Sonata para violonchelo y piano', de Beethoven, y otra trascripción de las 'Piezas de Fantasía', para clarinete y piano, de Schumann.





