Ayer, el prestigioso psiquiatra José Luis Mediavilla explicó de dónde venían esas sospechas. «Tiene un cuadro de oligofrenia», explicó. Cuando el acusado era un feto o bebé, el desarrollo de su inteligencia se interrumpió. Antiguamente, a los oligofrénicos se los clasificaba en idiotas, imbéciles, morones o autosuficientes. Según el doctor que lo trató hace cinco años, «Juan Carlos no llega a la idiocia, pero habría que practicarle pruebas para aclarar un posible retraso mental».
El acusado muestra también una esquizofrenia «de la que tenía carga genética». Según explicó el médico, Juan Carlos «no puede valorar bien la realidad, no tiene una escala de valores capaz de procesar lo que pasa». El psiquiatra tiene claro cuál es el resultado de estas deficiencias: «Es muy sugestionable, puede actuar influido por otras personas». «Dudo que sepa diferenciar entre el bien y el mal, porque es un instrumento en manos de los demás», agregó. Del entorno en el que se movía este enfermo el propio juicio da una pista: cinco de los 29 acusados son familiares directos suyos.
Estos fueron los argumentos que ayer en el juicio por la operación 'Pirrichi' expuso el abogado defensor Luis Tuero. La acusación, por su parte, subrayó otros. Perals destacó que las impresiones del psiquiatra provienen de un informe de 2003. Admitió que hasta esa fecha el acusado sufrió varios ataques esquizofrénicos que requirieron ingreso urgente, lo que motivó ponerle bajo tratamiento médico.
Los hechos de los que se acusa a Juan Carlos datan de 2004 y 2005 «y en esos años, tras el tratamiento, no necesitó ningún ingreso médico», resaltó Perals.
La confrontación empujó al juez a pedir auxilio al experto. «¿La esquizofrenia es permanente o tiene ataques episódicos que, bajo tratamiento, permiten al paciente darse cuenta de lo ilegal de sus actos?», preguntó. Mediavilla respondió que «el defecto viene desde la infancia y se va acentuando. Juan no es capaz».





