
ACUSADO
ACUSADO
Tanto la víctima como el supuesto autor de los hechos eran politoxicómanos y residían en una pensión de la calle de Magnus Blikstad, donde presuntamente J. M. A. le propinó los golpes que acabaron con la vida de Sonia Reinaldo. El hombre manifestó que la noche del crimen -el 21 de mayo de 2003- no estuvo con la víctima. «Hacía días que no la veía porque la había dejado; tuvo que elegir entre la droga y yo, y eligió la droga», dijo en la sala. En la misma declaración, a preguntas de la abogada de la acusación particular, aseguró que ese mismo día había subido a un coche con Sonia y con otro chico para realizar unos portes de droga. Posteriormente, volvió a desdecirse ante el presidente de la sala y manifestó que se había «confundido al decir que había estado con Sonia». «Me enteré de su muerte por la Policía; estaba triste porque la quería», añadió.
Supuestamente, según se refleja en el informe del Ministerio Fiscal y de la acusación, el hombre trasladó el cadáver en el maletero de un automóvil que pidió prestado a uno de sus hermanos. Se dirigió a una finca de Cenero, anexa a otra que era propiedad de uno de sus siete hermanos. Una vez allí, le prendió fuego «para evitar que el cuerpo fuese reconocido y borrar las huellas». J. M. A. no tenía permiso de conducir y en el vehículo se encontraron varios cabellos que, según los informes periciales, pertenecían a la víctima.
El acusado negó esa versión y apuntó que había pedido prestado el vehículo para «guiar a un venezolano a varios sitios de Gijón para que llevase paquetes con 'chocolate'». Luego, según dijo, había devuelto el coche.
Manchas de sangre
Los efectivos policiales encontraron rastros de sangre en la habitación que compartían la víctima y el acusado en el piso de Magnus Blikstad. Las manchas se encontraban en un zapato de Sonia y en la pared. J. M. A. declaró ayer que la presencia de sangre en el habitáculo se debía a su condición de toxicómanos que consumían heroína por vía intravenosa. «Nos pinchábamos y era normal que saltara sangre», dijo.
J. M. A. fue detenido cuatro días después de que una mujer hallase el cadáver de Sonia Reinaldo. Cumplió dos años de prisión preventiva y en la actualidad se encuentra en libertad a la espera de la resolución judicial. Al igual que la víctima, tiene VIH y «una larga politoxicomanía de 20 años», según dos peritos del SIAD (Servicio Interdisciplinar de Atención a Drogodependencias) que intervinieron en la sesión de ayer.
Por su parte, los forenses confirmaron que la muerte de la joven se debió «a múltiples contusiones», aunque no pudieron precisar si se había utilizado algún objeto contundente. El hecho de que el cuerpo fuese quemado y estuviese descompuesto complicó la autopsia, aunque los profesionales confirmaron que la mujer estaba muerta antes de que le prendiesen fuego.
Maltrato continuado
Sonia Reinaldo había denunciado a J. M. A. por maltrato en numerosas ocasiones en los años previos a su fallecimiento. El 18 de octubre de 2002 acudió a la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía asegurando que su pareja sentimental la había agredido cuando ella se encontraba ingresada en el Hospital de Cabueñes en una de sus numerosas convalecencias. La mujer ingresaba periódicamente en el centro sanitario por los problemas derivados de virus de VIH y por las secuelas de un accidente de tráfico. El juicio continúa hoy con la declaración de varios testigos.





