2.Hace un mes estuve en el Ateneo de Turón comentando una de mis novelas con los integrantes de un taller de lectura. Por lo que me contaron ellos mismos al terminar el acto, no lo están teniendo nada fácil. Alguien decidió que la persona encargada de coordinarles -es decir, el que les recomendaba títulos, el que se ocupaba de contactar con los autores, el que se esforzaba por sacarlo todo adelante- no podía fomentar el gusto por la lectura entre sus vecinos porque eso suponía una 'extralimitación en sus funciones'. Ahora son ellos (o los pocos que han quedado o se ven con fuerzas para emprender una labor no siempre fácil) los que directamente tratan con el concejal del ramo, pidiéndole que les consiga los libros que les interesa leer o solicitándole que emprenda las gestiones necesarias para llevar hasta allí a los autores. Según me dijo textualmente una de las lectoras (porque la mayoría eran mujeres), no saben si aguantarán mucho tiempo así.
3.Un amigo que da clases de Lengua y Literatura en un instituto me cuenta que cada curso es mayor el suplicio que tiene que aguantar en las aulas. Al hecho de que se hayan recortado hasta límites intolerables las horas lectivas de que disponía la última de las materias (porque son materias distintas, aunque la autoridad competente parezca desconocerlo) se suma el desinterés de los chavales hacia unas disciplinas que ni siquiera les han enseñado a respetar.
Hace poco les leyó en clase un cuento de Cortázar, y uno de sus pupilos le preguntó que para qué les hacía perder el tiempo. Y la cosa va a más.
Ayer, por cierto, fue 23 de abril. Día del Libro.
Espero que lo hayan disfrutado.





