
-Menudo desafío el suyo.
-Sí la verdad es que estamos en un momento crucial. Precisamente yo hablaré sobre los retos que se plantean en materia de salud y que tienen que ver con temas como que el 50% de la población vive hoy en zonas urbanas y periurbanas, algo que se debe tener en cuenta. O que países que concentran al 50% de la población y están en expansión económica tendrán mucha responsabilidad en lo que suceda porque de ellos depende crecer respetando el medio ambiente o hacerlo a costa de cualquier cosa. Estoy hablando de China, India, Rusia, Brasil y África del Sur.
-¿Y a qué conclusiones podemos llegar?
-Desde luego yo planteo opciones provocativas. Apuesto por lanzarnos a una salud pública sin complejos y sin crisis de identidad.
-¿En qué se traduce esa idea?
-Sencillamente en que los médicos deben implicarse más en decisiones políticas. La salud pública tiene que ser considerada en planteamientos urbanísticos y económicos, por poner un ejemplo no se puede acabar con las zonas verdes de una ciudad y luego criticar el sedentarismo de la población. Los médicos no debemos contentarnos con asistir a un aumento de los cánceres y de las enfermedades cardiovasculares. Debemos regresar al papel de esos médicos de principios del siglo pasado, grandes pensadores con su rol social que no se limitaban a recetar una pastilla si no que se implicaban en temas como la canalización de las aguas porque era bueno para la salud.
-Hasta hace tres años dirigía la seguridad alimentaria del país. Hoy asistimos en Asturias a una polémica en torno a los productos dietéticos de origen desconocido como Herbalife. ¿Cuál es su opinión sobre este consumo que parece haberse disparado?
-Al estar en el extranjero no conozco los detalles, pero me parece triste la proliferación de estos 'productos milagro'. La gente tiene que ser más rigurosa en la compra de esos productos.
-¿Quizá se ha perdido la confianza en los médicos?
-No creo que sea ese el asunto. Creo que hemos perdido la referencia a favor de un exceso de culto a la estética y al consumo. Esto sólo pasa en los países con bienestar social. De donde vengo no he visto ningún caso similar a estos. Ójala sucediera, porque eso significaría que al menos ya comen.





