Incluso el estadio de El Molinón se habría quedado pequeño para acoger a la marea humana que ayer inundó las instalaciones catalanas, aunque menor que en años precedentes. El Teatro Jovellanos debería haber abierto hasta 20 veces sus puertas para dar cabida a los 25.000 aficionados que acudieron al circuito en la tradicional jornada de puertas abiertas. Fue como si todos los habitantes de Mieres hubieran decidido acudir el mismo día al Circuit.
Correr en España es para Alonso una satisfacción, pero al mismo tiempo un problema. Sabe que antes de sentarse esta mañana en su monoplaza deberá cumplir una agenda cargada. Los actos públicos se iniciaron a primer hora de ayer en Barcelona y no pararán hasta el domingo. «Nosotros estamos un poco mejor, tres o cuatro décimas, que hace tres semanas en Bahrein y ojalá los demás no hayan mejorado tanto y podamos dar un pasito más», dijo el piloto en un auditorio con cerca de 500 estudiantes en la Universitat Politécnica de Catalunya en Barcelona, con motivo de la presentación de las becas Universia-Fernando.
Llegó en helicóptero
Eso fue en Barcelona a primera hora de la mañana. Después, a eso de las 12.30 horas, el asturiano se bajó de un helicóptero blanco, sin ningún anagrama en sus costados, en Montmeló. A su lado, el inseparable Luis García Abad y un miembro uniformado de Renault encargado de abrirle paso. Y se dirigió, relajado, firmando autógrafos y celebrando con un periodista el triunfo de los Lakers, al 'motorhome' de Renault. De ahí sólo salió a las 15 horas para cumplir con la rueda de prensa a la que obliga la FIA, junto a Pedro Martínez de la Rosa, Raikkonen y Barrichello.
Franco, como en él es norma, Alonso reconoció lo evidente, que este año el objetivo en el Gran Premio de España es puntuar, «como siempre desde principios de temporada», aunque en esta ocasión, por eso de correr en casa, es casi una obligación: «Es casi necesario puntuar en Barcelona si queremos tener alguna esperanza de que nos vaya bien el año. Si tampoco puntuamos con las mejoras que tenemos ahora, lo tendremos difícil».
El R28 le ha salido defectuoso: con problemas de tracción, nervioso en las curvas, falto de potencia... El diagnóstico es grave frente a unos Ferrari, McLaren y BMW que «van demasiado rápido y que han sido hasta ahora inalcanzables para el resto». De ahí que, pese a todo el calor humano, el objetivo no sea otro que lucha «por la séptima u octava posición». «Es la peor situación que se nos podía dar esta temporada, pero en esa situación estamos», dijo el 'Nano' que pasó de largo por el 'tema Ferrari' -«la gente habla de mí, normalmente con mucha frecuencia, lo cual es bueno. Parece que soy famoso, pero no espero nada del próximo año»-, al igual que Kimi Raikkonen -«será mejor que no diga nada»-, que sólo se rió.
Las palabras de Fernando no llegaron al otro lado de la cristalera, donde se arremolinaban los miles de seguidores. Y todo para pisar el 'pit-lane' -que todavía mancha las suelas de los zapatos tras su recién reasfaltado-, ver con los propios ojos un espacio, el de los boxes, más parecidos a auténticos laboratorios que a lo que realmente son, disfrutar con las simulaciones de repostajes -Ferrari, BMW, Renault y Williams, entre otros, lo hicieron-, y, sobre todo, tener a unos pocos metros a un piloto, el asturiano, que conjuga la juventud con el carisma, todo ello aderezado de un gran capacidad de sacrificio. Un campeón con una capacidad de arrastre innata. El contacto con los aficionados se hizo esperar, aunque el ovetense compensó la tardanza con entrega y dedicación a sus seguidores.
El tiempo no defraudó y lució el sol con fuerza. La jornada, en cualquier caso, fue agradecida para la afición. En su semana en 'casa', Fernando hizo, finalmente, lo que de él esperaban todos aquellos que, botella de agua en una mano y crema solar en la otra, llevaban horas luchando por coger el mejor sitio, escuchando los llamamientos a la prudencia que escupían los altavoces y aguantando los gritos de los miembros de la organización que, vestidos de amarillo de arriba a abajo y sudorosos, intentaban poner orden cuando las vallas, reforzadas, que protegían el taller de Renault parecían venirse abajo.
Autógrafos y fotos
A eso de las cinco y cuarto de la tarde, Fernando apareció en el box y atravesó unos pocos metros desde 'pit-lane' a las vallas, seguido, de forma atropellada, de un grupo de cámaras, fotógrafos, periodistas y curiosos -«es increíble que lo tengan que proteger de los fotógrafos», se quejaba amargamente García Abad-. Se pasó diez minutos firmando autógrafos y posando para los miles de seguidores parapetados con camisetas y gorras -de nuevo mayoritarias en Montmeló- y banderas del Principado. No se detuvo ni un instante. Después, tal como llegó, salió volando por la puerta trasera del taller de Renault.
ENVIADO ESPECIAL









