Manejando textos inteligentes y apoyando un timbre de voz más que agradable en sencillos acordes de guitarra, Arístides dio el salto a la Península para recorrer pequeñas salas de concierto, clubes y colegios universitarios de Madrid. El boca a boca lo reconoció como un showman arrolladoramente cómico siempre dispuesto a disparar una crítica aguda contra el sistema establecido y reivindicar, dentro del caos, un espacio para la poesía. Sus brillantes exhibiciones onomatopéyicas y sus vertiginosos cambios de registro, vocales y gestuales, desataron lo que se podría llamar el 'Efecto Arístides'; un fenómeno imparable hasta el momento.
Moreno actuó el miércoles en Oviedo en el ciclo 'Música del Siglo XX'. Tras hora y media de concierto se pudo ratificar que está en buena forma y que los discos y bolos que va sumando a su agenda no le han hecho perder espontaneidad y cordura. Ha evolucionado musicalmente y sus letras están cargadas de ironía y sutileza. No obstante, sigue enfrentándose al público con las ganas de un principiante. Las que absorben canciones impagables como 'Horcon Boys' -crónica del trabajo extenuante en las bananeras canarias-; 'Comerciando con psicotrópicos' -retrato optimista de un 'camello' de poca monta-; la inefable oda a la pereza 'Posición horizontal', y la desternillante anti-complejos 'Alopecia galopante'. A ritmo de rumba, cumbia, reggaeton o balada pop, Arístides Moreno y la banda de Julio, David, Manuel, Héctor y Jaime, fueron despedidos con una calurosa ovación. Que no tarden en volver.





