Espero sepan sacar buen provecho de esa iniciativa. Pero a lo que voy. Lo que me fascina de los cortos es esa magia que tienen para dominar el tiempo a su antojo, comprimir en 5, 10 ó 15 minutos cualquier peripecia o situación de un ser humano. En 5 minutos se pueden filmar unos ojos, unas lágrimas... Y eso ¿qué es? -dirán ustedes- pues es un instante infinito. El porqué de esos ojos caen lágrimas queda entre la verdadera intención del autor y la imaginación de aquel que lo contempla. En 10 minutos se puede filmar una pequeña historia, incluso bien entramada, y dejar al espectador lleno de preguntas... En 20 minutos la historia ya puede tener una estructura más definida, con diálogos incluso que pueden desenmascarar el núcleo narrativo, y qué buen sabor de boca deja. A veces pasan por la tele cortos, y mi madre se queda enganchada a esa pequeña historia sin saber bien qué es. Entonces la historia termina. «-¿Pero ya está?», dice. Pues sí. La vida es tan corta...





