
TEATRO. Rivas dirigiendo a la Orquesta de L'Academia del Gran Teatro del Liceu. / PALOMA UCHA
Las principales óperas de Giacomo Puccini, ordenadas tal y como su mente las dio a conocer en el siglo XIX hasta la póstuma 'Turandot', que vio la luz en el XX, fueron saliendo ayer al escenario del Teatro Jovellanos a las órdenes de Mariano Rivas, el músico gijonés que llevó ayer la dirección de la cita 'Pucciniana' con la Orquesta de L' Academia del Gran Teatre del Liceu frente a su batuta. Director, instrumentistas y también cantantes lograron que el teatro se volcara de nuevo en el compositor italiano, aplaudiendo todas las intervenciones, especialmente a la soprano Rafaella Angeletti y al tenor Kamen Chanev, que mostraron un llamativo volumen de voz. En el caso de la soprano, además mucha expresividad.
En el concierto, en general se dio primacía a las voces, bajo una dirección con mucho relieve, que fue especialmente aplaudida.
De cada pieza se tomó una de sus áreas principales. Así sonaron, como celebración del 150 aniversario del nacimiento de Puccini, 'Le Villi', con la que se levantó figuradamente el telón; el área operística de 'Edgar', después 'La Bohème', 'Manon Lescaut', 'Tosca' y 'Madama Butterfly'. Con ella se llegaba al descanso y los cantantes se ganaban un impetuoso aplauso, ya que el área elegida puso en escena a una pequeña, que hizo mucha gracia al respetable, al hacer en una divertida dramatización el inesperado papel de hija.