
CRONOLOGÍA
El condenado clama «justicia» y espera «una solución para que pueda demostrar la verdad». Su familia -la madre y dos hermanos- muestran preocupación por su estado anímico y afirman que el joven «precisó asistencia psicológica cuando ingresó en la cárcel; estuvo muy hundido, pero parece que ahora poco a poco va saliendo adelante». Su hermana critica el proceso judicial y señala que «alguien debe pagar por todo esto, aunque lo que estamos pasando no hay dinero en el mundo que lo arregle».
Rueda de reconocimiento
J. O. S. ingresó en la cárcel en 2005. El juez Lino Rubio Mayo lo condenó a siete años de cárcel por dos atracos con violencia a pesar de que las propias víctimas aseguraron que él no había sido. En una primera rueda de reconocimiento, tres de las denunciantes confirmaron que no era el delincuente, otra tuvo dudas y una quinta persona lo identificó como el autor de los hechos. Sin embargo, esa misma mujer reconoció después al que consideró el verdadero atracador en una foto que la Policía le llevó a su comercio. «Es ése sin lugar a dudas», dijo y firmó el documento para que quedase acreditado su nuevo testimonio. Sin embargo, esa prueba no llegó nunca a adjuntarse al procedimiento judicial contra J. O. S. Llegó el día del juicio y la mujer aseguró de nuevo que él no había sido quien la había amenazado con una navaja y robado. Llegó al juzgado como testigo y se fue como acusada. El fiscal la denunció por falso testimonio. Finalmente, el juez la absolvió de los hechos delictivos que se le imputaban. «Todo esto no tiene ni pies ni cabeza y lo peor de todo es que ni en la Audiencia ni en el Tribunal Supremo han reconocido las anomalías», dice la hermana de J. O. S., quien afirma que «el colmo es que la mujer que primero lo reconoció y luego se desdijo sea denunciada».
La familia y el propio acusado aguardan «esperanzados» a que el Ministerio de Justicia conceda el indulto. Mientras el joven «pasa el día como puede en la cárcel; se apunta a todos los talleres y actividades que puede para tener la cabeza despejada y tiene un viso de ilusión de que en junio le concedan su primer permiso penitenciario y pueda salir a la calle, estar con mi madre y conocer el nuevo piso que le han dado hace poco tiempo», apunta la hermana.





