Resulta especialmente chocante que miembros de IU, formación tan dada a trazar rayas de separación social e ideológica, nieguen en Mondragón y en Hernani que el asesinato etarra sea motivo para que los demócratas establezcan una posición común de rechazo a los violentos y a quienes les secundan. La incapacidad de Llamazares para hacer valer sus argumentos sobre la franquicia vasca de Izquierda Unida y la más censurable pasividad de Madrazo en el asunto han permitido tan vergonzosa actuación. Aunque el sincero disgusto manifestado por el primero no se ha visto acompañado por un pronunciamiento similar por parte del dirigente vasco de IU que forma parte del Ejecutivo de Ibarretxe. La resistencia de fondo que mantienen EA, IU y Aralar a cortar definitivamente amarras con la izquierda abertzale impediría que las citadas mociones de censura pudieran salir adelante más que en cuatro localidades, donde la suma de los concejales de PNV, PSE-EE y PP resultaría suficiente. Pero lo que a estas alturas parece ya inadmisible es que EA y Aralar continúen siendo aliados de alcaldes de ANV en cuatro municipios guipuzcoanos.





