Poetas, escritores y el Pen Club Internacional están moviendo por todo el mundo una campaña de solidaridad con la detenida. Por su condición de peruana, se recuerda otra detención injusta, la de César Vallejo en 1920, que le llevó a estar encerrado 120 días en una cárcel de Trujillo («El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú» dirá en un poema). Resultado de aquella prisión fue la reescritura de 'Trilce' y la composición de nuevos poemas carcelarios.
En una carta posterior confesaba a un amigo: «En mi celda leo de cuando en cuando; muy de breve en breve cavilo y me muerdo los codos de rabia... Es cosa fea ésta, Oscar... y si viene a mi alma algún aliento dulce, es la luz del recuerdo... ¿Oh, el recuerdo en la prisión!» César Vallejo combatió la soledad con el recuerdo y hasta con la humanización de las paredes de su celda: «Ah las paredes de la celda. / De ellas me duelen, entretanto, más/ las dos largas que tienen esta noche / algo de madres que ya muertas / llevan por bromurados declives, / a un niño de la mano cada una».
La poeta encarcelada escribe: «Mi nueva vida me ha envejecido rápidamente porque me ha cansado». Y, como el poeta de Santiago de Chuco, también cavila muy de breve en breve y escucha a las paredes: «Mi nueva vida me prepara algo grande, lo sé. Me pretende liberar de los temores y de los sabios consejos de las paredes». Y escribe vallejianamente palabras de fraternidad universal: «Mi nueva vida me dio su hombro robusto y me mostró su torso flácido. Me consoló al mostrarme su rostro; y en él, más corazones inflamados; y en ellos, miles de rostros sudorosos, disparejos. Y en ellos el mío tan distinto a mi anterior vida recostado en el hombro de la nueva».
A Melissa Patiño Hinostroza entre cuatro paredes («...si vieras hasta qué hora / son cuatro estas paredes») ahora sólo le queda la palabra.





