
Llegaron tarde para ver a las 24 reses que traía consigo José Miguel Concha desde Labra. «Son de mi hija Mari Carmen Concha», comentaba quien, como muchos de los pastores, decidía emprender el camino anteayer. «Dejelas a dormir en un prau de Orandi y hoy he salido sobre las 7.30». Acompañado de su perro Ron, este pastor las dejará en la Vega de Enol hasta octubre o noviembre. Lo mismo hará Andrés Sánchez, que venía de Oceña junto a Ángel Labra y José Benito Labra. El joven acude este año como ayudante de pastor y empieza la semana que viene en una cabaña pero ya se está entrenando y ayuda a subir las reses de Labra. «Salimos ayer (por el jueves) y las dejamos a dos horas de Oceña. Hoy hemos salido a las ocho de la mañana», explica. Y lo cierto es que las diez reses que van con ellos prácticamente suben solas. Así que pocas veces se tienen que bajar del vehículo. Es una oportunidad única para el muchacho pues en unos días tendrá que llevar un rebaño de cabras solo.
Lengua azul
Por suerte, en la zona no se ha notado mucho el tema de la lengua azul. «Al menos de momento», apunta Andrés Sánchez, «ya que por aquí no se han repartido aún vacunas». Donde sí se ha notado el tema es en la venta de los productos de ganado vacuno. Así lo afirma José Manuel Huerta que aunque dice que de lengua azul «estamos bastante libres», no deja de preguntarse «a quién vender. Está cayendo todo en picado». Una consecuencia que no sabe si atribuir sólo a este virus. A su mando, van casi cuarenta reses. Quizá por ello, fue el último en llegar al refugio ayer. Pasadas las doce del mediodía, Huerta cruzaba la puerta y se daba un merecido descanso.





