
Los casos que salen en los medios de comunicación han generado alarma, pero también conciencia. Y también han dado lugar a la puesta en marcha de programas que intentan ir a la raíz del problema. En uno de ellos participa Fuensanta Cerezo, profesora de Psicología de la Universidad de Murcia. El trabajo, en marcha desde hace una década, ya ha dado sus frutos: han conseguido mejoras de entre el 40 y el 70% en centros escolares de su región y de otras donde también lo han aplicado.
Ayer visitó Oviedo y, dentro del Congreso de Psicología organizado por estudiantes, pronunció la conferencia ''Bulling' y violencia escolar: Situación actual e intervención psicológica'. Antes, explicó que no hay diferencias entre el norte y el sur, ni tampoco entre los niños de clases altas y bajas. «Pensamos que es un problema solamente de las zonas desfavorecidas, y en los centros de 'Upper Class' se da exactamente igual. El porcentaje de victimización y de agresión a veces incluso es mayor, lo que ocurre es que la forma de ejercer la agresión es más sutil. Utilizan el insulto, la amenaza, la exclusión social...».
Las chicas, cuando la ejercen, son más sibilinas. Los chicos, más violentos. Y lo peor, apunta Cerezo, es que disfrutan con ello. «Se lo pasan bien haciéndole daño al otro, algo perverso absolutamente. Se organizan en grupos para agredir y eso les divierte», dijo. Les gusta grabar la paliza en el móvil y 'colgarla' en internet. Ésa es precisamente la diferencia del acoso que ejercían los niños de hace 10, 20 o 30 años. «Tenemos un abanico mayor de comportamientos violentos, gustan los videojuegos violentos, las pelis violentas y aprendemos a ser violentos».
Y la forma de solucionarlo, aconseja, no es expulsando al alumno o trasladando a la víctima a otro centro escolar, sino con «un programa de intervención específico, personalizado para tratar el problema de ese chico, y hay que recurrir a los psicopedagogos y a los expertos».
La causa que provocan el acoso no está en el maltrato en casa, aunque estos jóvenes sí pueden acabar siendo maltratadores de sus parejas. Está en los modelos educativos «permisivos» y «sin límites», que llevan a los chavales a pensar «que todo vale; y no todo vale». Entre los compañeros encuentran el eco adecuado y en la escuela «las pautas de comportamiento, que desembocan en conductas predelictivas». Así que, inevitablemente, la profesora concluye en la necesidad de intervenir. De poner freno. No hay que olvidar que en torno al 20% del alumnado ejerce o sufre el 'bulling'.





