
«En este ambiente despreciativo y ridiculizante de las cosas de Dios», les dijo el arzobispo a los 600 «expertos en humanidad», «debéis formar a unos cristianos firmes en su fe y humildemente felices».
«Una fiesta» fue la jornada para Andrés Rodríguez, catequista de San Pedro de la Felguera. «Tengo 61 años y nunca más veré un Año Santo en Asturias», explicaba, dispuesto a ganar las indulgencias del Jubileo por su doble dimensión: «Por un lado, somos pedagogos, tenemos la misión de acompañar al niño hacia Cristo, y, por otro, está nuestra espiritualidad, por la que vivimos plenamente con Dios y en Dios».
Cristian Guisado, 18 años, catequista en San Nicolás de Bari, que llegaba acompañado de 23 pequeños catecúmenos avilesinos, contaba que había mucho que festejar: «Celebramos que somos una Iglesia que camina junta durante el Sínodo. Además, estamos en un Año Santo, ¿qué más queremos?». Frente a su optimismo, Ana Fernández, de la localidad sierense de Tiñana, reforzaba las tesis de hostilidad del arzobispo: «Cada vez hay menos críos y, cuando les preguntas por qué van a comulgar te contestan que por los regalos». Fernández, que piensa que «es una burrada que una comunión cueste como media 3.600 euros», acabó la jornada de hermandad en la presentación del nuevo catecismo de la Conferencia Episcopal, «Jesús es el Señor», la primera renovación del texto en 28 años.





