
FICHA PERSONAL
-Se está reorientando la actividad de La Curtidora hacia empresas ya consolidadas, ¿queda sitio para proyectos más pequeños?
-No, no. Es todo perfectamente compatible. Tenemos 4.500 metros cuadrados de naves, oficinas y oficinas tecnológicas. Eso nos permite dar un servicio temporal a todo el que quiera. Ahora mismo tenemos a 38 empresas, y una treintena son de nueva creación. Lo que pasa es que también estas son de una calidad y unas posibilidades de futuro extraordinarias, como Instituto Cies o Torsa Capital, primera sociedad de capital riesgo privada de Asturias. Pero también están empresas como Coffeecup Software, que venden desde aquí su conocimiento a Estados Unidos, por ejemplo, o Tam, primera empresa privada de análisis y ensayos de metales, o la geológica Ter, la ingeniería APG... Son todas empresas que venden fuera de Asturias, y eso es importantísimo.
-¿Es lógico se dé cobijo en un centro de empresas a compañías multinacionales?
-Sí, porque disponemos de espacios suficientes y que responden a sus necesidades. Aquí tienen todos los servicios 'llave en mano' y así logramos que pongan su primer pie en Avilés. Y eso también es importante para la ciudad. Hay que ponérselo fácil porque la competencia aprieta también, a todas las ciudades les apetece tener a empresas como estas y en Avilés estamos buscando renovar el tejido industrial.
-¿Han tenido que hacer selección por falta de espacio en algún momento?
-No. La rotación que se da en el centro permite que con frecuencia haya espacios disponibles, y precisamente son esas empresas grandes las que no suelen agotar su periodo de estancia. Ros Casares, por ejemplo, estuvo poco más de año y medio. Su vocación no es precisamente quedarse aquí.
-¿Ha habido alguna evolución clara en las empresas que se alojan en La Curtidora en estos ocho años?
-No sé si es tiempo suficiente para valorarlo, pero sí que es verdad que se da ahora un porcentaje más alto de tecnológicas. De 39, nueve son del sector de las TIC. Siempre las hubo, pero no tantas. Está claro que es un sector emergente que emplea ya a muchas personas.
-¿Y no ha habido evolución en cuanto al tamaño de las nuevas empresas?
-Siempre ha habido diferencias. Las hay que llegan con 50 ó 60 empleados. Hemos tenido en todo este tiempo empresas que han requerido una inversión total de 52 millones de euros. Pero de ellos, 13 millones se corresponden con Asturfeito y un millón de Air Asturias. Con lo que me quedo es con esa cifra global de inversión, y con la generación de unos dos mil empleos en La Curtidora en apenas 13 años.
-¿Cuál es el porcentaje de éxito?
-El 79,5% sobrevive al tercer año y tienen entre tres ó cuatro empleados de media. En el primer año muy pocas desaparecen. Sobreviven el 94% de las que abren en el centro.
-¿Fue Air Asturias la gran decepción?
-Sin duda, por las expectativas que se generaron en torno a ella. Su cierre fue un disgusto importante porque aquí estamos para diversificar el tejido económico de Avilés, para generar riqueza. Pero al margen de situaciones como esa, podemos estar satisfechos.
-¿Hacen un seguimiento de las empresas, de su gestión?
-Cuando se dejan, sí. Tenemos un convenio con Secor, una asociación de técnicos prejubilados y jubilados que ofrecen asesoramiento gratuito a nuevas empresas. Sobre todo es importante esa ayuda en cuestiones como el área comercial, la visibilidad de la empresa, que es algo de lo que más se descuida cuando se empieza. También se les recomienda que se asocien, que acudan a concursos...
-¿Qué espera de estos tiempos de crisis económica que se avecinan?
-Pues desde el punto de vista de los centros de empresas, la verdad es que la actividad no se resiente. Cuando hay crisis, crece el desempleo y más gente se lanza a buscarse el trabajo por cuenta propia. Al mismo tiempo, cuando la economía va bien, aparecen nuevos proyectos empresariales porque se considera que el mercado tiene capacidad suficiente para absorberlos. Eso ha hecho que siempre hayamos mantenido un nivel de ocupación del 80 al 85%.
-¿Y en cuanto a la economía asturiana?
-Pues no espero que la crisis tenga mucho impulso, porque afortunadamente no hemos tenido el monocultivo de la construcción, como ha ocurrido en otras regiones. Eso hará que la crisis sea menor. Tenemos un sector metal muy importantes, que no sólo se ha adaptado a los tiempos, sino que ha ido más allá. Para mí, es la auténtica locomotora de la economía asturiana, junto con la construcción. Hemos tenido la suerte de que nuestra economía está muy diversificada, que también los servicios son muy importantes. La crisis existe, pero no creo que Asturias, y especialmente Avilés, con todos los proyectos que tiene por delante, vaya a haber un freno importante.
-¿Se ha avanzado en cultura emprendedora en Asturias?
-Hombre, precisamente allí el emprendimiento lo llevan en los genes. Catalanes y vascos están en ese aspecto casi al mismo nivel y lo que tendríamos que hacer es ir allí, asomarnos a ellos y ver cómo lo hacen. Pero lo cierto es que en Asturias, por lo menos, se ha perdido el miedo a emprender, a no tener como objetivo un empleo seguro en un tallerón, en la banca o en la administración, que era la gran aspiración de los asturianos. Eso, afortunadamente cambió. Aprendimos con sangre, pero aprendimos. Creo que esa es una fase esencial que Asturias ha superado. Antes, cuando íbamos a un colegio o a un instituto a dar una charla, teníamos que tratar de concienciarles de que Ensidesa ya no existía, que aquello se acabó, que el escenario es otro. Ahora ya lo saben. Ahora de lo que se trata es de que, lo que hagamos, lo hagamos mejor, que sepamos aprovechar las oportunidades.
-Pero aún así, hay que estar dispuesto a asumir riesgos.
-Hay que ser valiente, sí, con conocimiento de lo que vas a hacer, y con un poco de inconsciencia. Gestionar bien es muy difícil, y cuando empiezas, no lo haces. Todas las empresas nuevas cojean, por eso hay que aprender a medida que pasa el tiempo. La experiencia demuestra que no es imprescindible saber gestionar para que la empresa salga adelante.





