
Desde que los hermanos Lumière consiguieron que todos los espectadores de una sala salieran corriendo ante la llegada de un tren de celuloide, nuestras vidas se han convertido en películas. En Montmeló no ocurre nada que la atenta mirada del 'gran hermano' no registre. Este sistema, a la vanguardia mundial, tiene 36 ojos con los que vigilar, 24 horas al día, todos y cada uno de los rincones de la instalación.
El Circuit, una pequeña ciudad que reunirá a casi 150.000 personas hoy, está completamente monitorizada. En la pista no se mueve una hoja, no se levanta una gravilla, no cruza un insecto, no derrapa un monoplaza sin que alguna de 36 cámaras instaladas por los 4.655 metros de pista y graderíos lo vea y lo grave.
«Prácticamente, podemos decir que no hay rincón de todo el circuito que escape a nuestra mirada», afirma, sacando pecho, uno de los responsables del control de los ojos electrónicos. «Nuestras cámaras son tan potentes que, accionando el zoom, nos permite incluso ver lo que ocurre a cientos de metros de donde están colocadas», añade.
Por poder, las videocámaras del Circuit pueden ver hasta el número de teléfono que acaba de marcar un comisario de pista, durante un descanso, en cualquiera de las curvas del trazado gracias al zoom óptimo de 26 aumentos. En ese momento, no se imagina que su cara se ha convertido en un enorme primer plano que ocupa uno de los monitores de la sala de control de la instalación catalana.
La nueva sala de control de carrera, situada en el edificio de la torre, junto a la sala de prensa, es una habitación de diez metros por diez, peraltada, oscura, en la que reinan los monitores. Cada uno de ellos recoge la imagen que suministran cada una de las 36 cámaras (27 fijas y 9 de las llamadas 'domo', que pueden girar 360 grados).
Delante de ellas, tres filas de asientos. En una de ellas, el realizador, como si de una cadena de televisión habláramos. En las otras dos, el director de competición Charlie Whiting, y los responsables de las distintas área de seguridad, servicios médicos, comisarios de pista y parque de vehículos, que tienen a su cargo, en conjunto, a unos mil trabajadores.
A buen recaudo
La sentencia que inunda las páginas de la novela '1984' escrita por George Orwell -'El gran hermano te vigila'- se hace, pues, realidad en Montmeló. Las imágenes, que son almacenadas de forma independiente en soportes informáticos -la cinta ya ha pasado a mejor vida-, permanecen, en cualquier caso, a buen recaudo. Son confidenciales y propiedad de Bernie Ecclestone. Por contrato. Sólo, en algún caso, se permite su visionado a algún piloto. De forma excepcional. Sólo dos veces, se han entregado a personas ajenas al mandamás de la F-1. Fue, en ambas ocasiones, atendiendo a una petición de la FIA para procesos judiciales.
Esta sala se completa con otra de similares dimensiones y contenidos para los cuerpos de seguridad y una de menor tamaño, propia, en la que se acomodan los comisarios.
Los 'jueces' máximos de toda carrera, siempre en número de tres -uno permanente, otro designado por la FIA y un tercero local- disponen de todos los instrumentos necesarios para seguir al detalle cualquier incidente de la prueba. En el caso de la cita española, los comisarios son Antonio Vasconcelos, Enzo Spano y Xavier Conesa.





