
Hace ya más de un siglo, a finales del XIX, Gijón era una ciudad de 43.392 habitantes que tenían sus inquietudes comerciales y de progreso, pero que no dejaban de lado la diversión. Las romerías en las parroquias rurales vivían tiempos de esplendor, pero la ciudad ya disponía de un recinto ferial, el Continental, en lo que era la carretera de Villaviciosa, casi en el límite de las viviendas, donde se celebraban verbenas y, sobre todo romerías. Una zona abierta en la que, incluso, algunos adelantados deportistas ya hacían sus pinitos jugando el tenis. El entorno era conocido como 'Garden party', nombres muy de moda, por entonces, cuando se utilizaban otros idiomas para dar mayor lustre a las zonas. Allí estaba el teatro-circo Obdulia, más tarde Los Campos Elíseos, que igual servía para dar cabida a las atracciones de moda y proyecciones cinematográficas, que era utilizado como centro de convenciones, una vez retirados los asientos del patio de butacas, y el Gran Kursaal.
Ese recinto arbolado que nacía, por entonces, incluso antes de Los Campos fue utilizado por Luis Adaro y Magro en el año 1899 para la celebración de la I Exposición Regional, germen de la actual Feria de Muestras de Asturias y, de nuevo, a mediados a los años 20 del pasado siglo, albergó las primeras ferias de muestras, auspiciadas por Romualdo Alvargonzález. Era el recinto ferial de Gijón, en lugar donde se concentraban las romerías, las fiestas de Begoña, los 'caballitos' y buena parte de las actividades lúdicas de la ciudad. Eran sus primeros tiempos de gloria, que pasaron a mejor vida durante la guerra civil, aunque volverían a reverdecer en los años cincuenta.
Deporte popular
Tras la guerra civil, Gijón se centró en otro recinto ferial, El Humedal, que reunía la ventaja de ser un lugar mucho más cercano y que, desde luego, por entonces no estaba urbanizado. Era una zona muy arbolada, presidida siempre por La Gota de Leche que el doctor Avelino González, no sin poco esfuerzo, había inaugurado en el año 1924. Allí, en El Humedal, la zona que el citado doctor soñó con convertir en una amplia área dedicada a los niños, se celebraron durante años el Rastro, las ferias de San Antonio y de San Miguel, las romerías y fiestas de Begoña, y también se instalaban los 'caballitos' y los circos que visitaban la ciudad. Era un recinto amplio y, sobre todo, céntrico, pero no ocasionaba mayores problemas al vecindario, sobre todo en horario nocturno. El principio del fin de El Humedal como recinto ferial lo marcó el propio progreso. La urbanización del entorno, en los años cincuenta, conllevó, para disgusto de Avelino González, la desaparición de todos los árboles. El Rastro tuvo que buscar otra ubicación y, de nuevo, se pensó en el Continental para rescatar la actividad festiva popular en la ciudad, sin olvidar la deportiva.
No tenía Gijón muchas instalaciones deportivas en aquellos años. El Continental disponía de dos canchas, una de cemento y otra de tierra, en la que se celebraban todo tipo de competiciones, desde tenis hasta hockey sobre patines, pasando por boxeo, con la posibilidad de disponer de un recinto cerrado en un edificio que había dentro mismo del parque. Allí jugaban los equipos del Grupo Covadonga, en unos años donde se celebraban competiciones de todo tipo hasta en el Muro, y no sólo carreras de bicicletas o de motos. Las carencias en instalaciones se suplían, con bastante carga de buena voluntad, con las canchas del Continental, que también llegó a rescatar los 'caballitos' que tuvieron que irse de El Humedal.
Cierre por edificación
Como sucediera, precisamente, con El Humedal, el parque del Continental fue perdiendo actividad a medida que la ciudad crecía y disponían los gijoneses de más medios tanto para divertirse, con las nuevas salas de fiestas, como de hacer deporte, con el desarrollo de entidades tan importantes como el Grupo Covadonga, el Club Santa Olaya o el Club de Tenis, entre otras. Como consecuencia de todo este proceso, en el año 1957 la cooperativa Nuestra Señora de la Esperanza promovida por el Colegio de Agentes Comerciales, compró a la familia Masaveu el solar del parque que lindaba con la calle de Leopoldo Alas. Cinco años más tarde, en 1962, llegaron los primeros inquilinos al nuevo inmueble.
Quedaba, con todo, una parte importante del Continental, lugar habitual de juegos de todos los niños de la zona, aunque estuviera vallada. Un enorme bloque acabó, a finales de los años setenta, con el viejo ferial. En la actualidad, el Continental sólo queda en la memoria, pero la historia se repite. Gijón busca otro ferial, quién sabe si también para albergar los 'caballitos'. Será en Bernueces.





