-Ye ley de vida, bobinos- afirmó Pepe'l Calaínes, en una nueva exhibición de su parquedad y rotundidad verbales.
-Ya quisiera yo que la vida que él llevó fuera obligatoria por ley: vivir con salud hasta los ochenta y tantos, y lograr vivir de los padres hasta que pudo hacerlo a costa de los hijos. Una vida de descanso, rematada con el descanso eterno -fue el turno de Paco Tilla.
-No me gusta hablar mal de los muertos, incluso aunque hayan sido unos cabronazos tipo Pinochet, pero sí soy de los que piensa que el óbito no hace al monje y que, por tanto, también están de más esas necrológicas panegíricas impregnadas de lágrimas de cocodrilo. En el caso del difunto Rufino, está claro que era un vago de récord Guiness, aunque siempre nos queda la esperanza de que en la otra vida exista la condena eterna a trabajos forzados -dijo la vidente evidente Morgana la Fata.
-¿Existirióla! -exclamó Calaínes. Luego, el erudito búlgaro-astur Orutra Saira aprovechó para hacer gala de su vasta cultura:
-Una de las mejores fórmulas que conozco para considerar a la señora de la guadaña como alguien normal con quien mantendremos una breve y postrera relación, es la frase que los monjes cartujos y trapenses repiten a guisa de saludo cada vez que se encuentran: 'Memento mori'. Recuerda que has de morir.
-Lo que me recuerda la frase del confucionista playu Ya-Lo-Tsé: 'Polvo somos, polvo seremos, y durante el camino algún polvín echaremos' -habló el omnipresente Casacites.
-Hablando de polvos, haz unes semanes ligué con una mocina de sesenta y pocos, y una tarde pregunte-i: '¿Echamos un polvín, ho?'. '¿Pero si hicimos el amor hace apenas diez minutos!', exclamó ella... ¿Tengo la memoria fatal!- cambió de tercio el viejo Nolo Vasllenar, a quien Morgana prometió una pócima cuyo principal ingrediente son los rabos de pasas.





