
El buen tiempo resultó ser demasiado bueno: «Las altas temperaturas han ralentizado los tiempos de las etapas», aseguraba el responsable técnico del Raid, Jonay Pérez. En esta ocasión, la competición atrajo a los dominios de Cangas de Onís a un total de 47 equipos, y aunque la mayor parte de ellos venían de fuera del Principado, los equipos asturianos demostraron que el conocimiento del medio es clave en este tipo de pruebas donde la orientación y el esfuerzo físico se dan la mano.
El pistoletazo de salida tenía lugar en la plaza Camila Beceña, con una serie de etapas cortas que se fueron dejando atrás a una velocidad pasmosa. Los participantes debían superar un recorrido de orientación urbana a marchas forzadas que culminaba en la misma plaza. Desde allí, arrancaba una de las pruebas que más sorprendió a los vecinos de la zona, un trayecto en patines en línea. Algunos de los deportistas portaban sus mapas en la boca, lo que provocó algún topetazo sin importancia y, sobre todo, muchas risas. La verdadera prueba no había hecho más que empezar. Dejar los patines y coger la canoa era todo uno. Con ella, descendieron por el río Güeña hasta la desembocadura en el Sella. Una vez allí, los deportistas bajaron haciendo rapel desde el Puente Romano para continuar con una breve prueba de natación.
Minutos después, los deportistas iniciaban una prueba de espeleología y empezaban la etapa más dura: el recorrido se adentraba ya en el Parque Nacional de los Picos de Europa. ¿El objetivo? Llegar hasta los Lagos de Covadonga. Primero, con una bicicleta de montaña, que provocó problemas mecánicos a varios participantes. De hecho, sólo uno de los 47 equipos abandonó, y fue por ese motivo. Después, con un prolongado trekking hasta los Lagos. Cinco horas tardaron los ganadores en recorrer todo el trecho. Afortunadamente, volvían a retomar la bicicleta de montaña que les llevaba finalmente a la meta, la plaza Camila Beceña. Allí los aficionados más estoicos volvían a recibirles como se merecen tras un esfuerzo sobrehumano.





