Doña Luz comenzó a dar clases en el Santo Ángel cuando volvió de Cuba con toda su familia, donde había emigrado años antes, retomando una profesión de la que había estado apartada durante algún tiempo. Siempre se encargó de la educación de las alumnas de cuarto curso de Básica.
Las religiosas del colegio la recuerdan como «una persona bondadosa que quería mucho a las niñas». De este modo, las hermanas resaltan su valía como maestra y su facilidad para tratar con las pequeñas, «con las que siempre era muy respetuosa. Las estimulaba mucho y siempre las trataba con todo su cariño». Por eso, la definen, ante todo, como «una gran pedagoga».
Doña Luz tenía dos hijos, María Teresa y José Antonio Álvarez Ruiz; tres nietas, Cristina Loché y Carmen y María Álvarez; y dos hermanas, Avelina y Pilar Ruiz Cueva. Familiares y ex compañeras lamentan su pérdida.





