Una década más tarde, la 'primavera del PP asturiano' me suscita las mismas reflexiones que entonces. Los cimientos del desastre están en la inmadurez de una organización que llegó al Gobierno por carambola, al abstenerse los seis diputados de IU de apoyar la investidura de Trevín. Marqués, con 21 diputados, se hizo con el Gobierno y ahí empezaron los necios a preparar la conjura. Marqués carecía de equipo y desde distintas instancias le suministraron los mimbres para hacer el Gobierno. La legislatura caminaba rumbo al fracaso, por imposibilidad de aprobar los presupuestos, pero sucedió algo sorprendente: un problema en el grupo parlamentario de IU reubicó a Antón Saavedra en el Grupo Mixto. Una de esos hechos que la crónica etiqueta como casualidades y que hizo viable la legislatura.
Cuando el Gobierno iba viento en popa y se preparaba para ganar las siguientes elecciones, el aparato del partido inventó el pretexto de la descoordinación e hicieron el trabajo necesario para el retorno al poder de los socialistas.





