En Gijón, estamos comprobando, a medida que pasan los años, que nuestros políticos lo mejor que saben hacer es la guerra entre ellos mismos, sin preocuparles en absoluto que con esa forma de actuar lo único que están consiguiendo es un grave perjuicio a su ciudad y a sus ciudadanos.
Por desgracia, o por la incompetencia de los demás, tenemos un partido en el poder desde hace 26 años. Este dato creo que le esta haciendo mucho daño a esta ciudad, ya que todo es continuidad, desgana y falta de ideas constructivas.
Creo que el partido que gobierna..., dada su experiencia, lo tendría que hacer mucho mejor de lo que lo está haciendo, aunque sólo fuese aprendiendo de los errores cometidos. Pero, como se creen que de la forma que lo hacen les va bien, no se paran a pensar en absoluto si los ciudadanos están satisfechos con su labor o si la ciudad progresa adecuadamente, y todo eso a pesar de las continuas manifestaciones de los ciudadanos en la calle, o a través de los medios informativos.
Manifestaciones que en general vemos que se vienen produciendo cuando se realiza una obra en la cual hay que cortar el tráfico o poner unas vallas en las aceras.
Si hacemos un poco de memoria, éstos pueden ser algunos de los ejemplos: paseo de Begoña y calles de Menéndez Valdés, Uría, Marqués de Casa Valdés, Marqués de San Esteban, etcétera.
Más de lo mismo ocurrió con la construcción del Acuario y la urbanización de Poniente. Y ahora lo que está pasando con el actual Plan de Vías, la Semana Negra, el balneario, el pozo de 'Tormentas', el colector, etcétera. En fin, «que son muchas las tormentas».
Además, se está viendo claramente de que todas estas 'tormentas' se producen por la falta de rigor en la planificación, contratación y control por parte de los organismos competentes.
Señores gobernantes, les recomiendo escuchar la voz del pueblo, que, como se suele decir, es sabia. Eso precisamente sería aceptar la participación ciudadana que se viene reclamando cada vez con más intensidad, principalmente a través de los medios de comunicación y de las asociaciones vecinales.
Al final de todo esto, uno se pregunta para que se crearon las asociaciones vecinales. ¿Para que consten en las estadísticas? ¿Para gastarse el dinero de las subvenciones? ¿Para proteger a los gobernantes? Sinceramente, creo que hay un poco de todo, por desgracia. Aunque también hay que reconocer que algunas de ellas están haciendo una labor muy digna, unas veces consiguiendo sus propósitos y otras viendo cómo se desvanecen sus proyectos por la falta de sensibilidad de nuestros gobernantes.
Y, además de todo lo dicho, también hay que reconocer que todo el esfuerzo que ponen para intentar hacer lo mejor para la ciudad y sus ciudadanos, lo hacen a cambio de nada. Paradójicamente, nuestros gobernantes suelen estar muy bien remunerados (porque ellos son los que deciden que sea así), teniendo en cuenta la eficacia resultante en la labor que desempeñan.
Ante esta superficial exposición de los hechos, no me cabe la menor duda de que la única solución pasa por la aceptación de una participación ciudadana real, si es que realmente queremos intentar hacer las cosas bien o, por lo menos, mejorar lo que se viene haciendo.
He leído sin cierta sorpresa un artículo interesante sobre José Antonio Reyes, crack futbolístico con origen en el Sevilla y recorrido por el Arsenal, Real Madrid y ahora Atlético de Madrid. Total: 44 millones de euros en traspasos. Una joya.
Ahora bien, se pone de manifiesto en la biografía de este jugador que el dinero le ha alejado de su talento y le ha acercado a su afición por los coches: ¿catorce!, que diría U2. Se ahonda en el hecho de que muy centrado no parece en su trabajo y se pone en duda que haya hecho un uso inteligente de su dinero y de sus cualidades.
Todo esto me hace pensar, junto con el soporífero debate la pasada semana de Luis Aragonés en televisión, que no tiene ningún sentido intentar explotar a estos profesionales como si fueran pensadores, grandes opinadores, con algo interesante que decir o personas forzosamente inteligentes. Son futbolistas; no hace falta ser nada de lo que se pretende que sean para ejercer su profesión. Se me ocurren decenas de deportes en los que, como mínimo, podemos hablar de auténtico atletas... pero éste no es el caso.
De todas formas, sigue habiendo tardes enteras de fin de semana dedicadas a los forofos de este deporte, que llenan tertulias durante horas que hablan de aire, esféricos y «tú no tienes ni idea»... ¿de qué?





