
ACTIVIDADES
Superado el mediodía una multitudinaria comitiva se puso en marcha desde el colegio de Don Orione hasta la plaza de Parres Piñera. Integrados en el colorido del cortejo desfilaban los 25 componentes del coro Columba, llegado desde la localidad cántabra de Quijano de Piélagos. Los cantantes, acompañados de tres guitarras y dos panderos, realizaron el pasacalles interpretando la Salve Rociera.
Tras ellos aparecían varias xarrés y carretas, y en una de ellas se situaba la imagen de la Virgen del Rocío. A su estela, a lomos de un brioso caballo, se presentaba el párroco, Aurelio Burgos.
En la plaza, sobre un altar adornado con calas y claveles rojos, se celebró la misa y en el transcurso de la misma el cura puso de manifiesto «las coincidencias que se dan entre la Virgen de Covadonga y la del Rocío». De entre ellas destacó «el amor, la cercanía, el camino y el testimonio».
Ante un numeroso público los festejos matinales se cerraron con bailes andaluces de diferentes palos. Entre tanto, los presentes daban buena cuenta a decenas de botellas de fino y manzanilla a la espera de una monumental paella de 120 raciones. En la mente de todos los comensales estaba el recuerdo a la memoria de Pepu Valle, el experto cocinero, fallecido este año, que se encargaba en otras ediciones de la preparación de los arroces.
En esta ocasión le tocó debutar a otro rey de los fogones, Andrés Romano, del restaurante Acuario, quien asistido por Viviana Barona y Elsa Rubí preparó una deliciosa paella con 12 kilos de arroz; ocho de mariscos: gambas, almejas y langostinos, así como mejillones, calamares, pimientos y guisantes, y 15 litros de caldo de rape.





