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Oviedo

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Un barrio para solteros
Vecinos de Colloto advierten de la falta de planificación de servicios infantiles a pesar del incremento de viviendas
28.04.08 -

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Un barrio para solteros
AL COLEGIO. Las madres alertan de la saturación de Roces. / J. DÍAZ
Hasta el año 2000, ni siquiera permitían subir la silla de los niños en el autobus que une Colloto con el centro. Para ir al pediatra, no quedaba otra opción que «tener dos coches o ir en taxi», recuerda Pilar González, vecina de este barrio y madre de un hijo. Las cosas han cambiado desde entonces pero parece que no a buen ritmo, en este barrio donde la construcción de viviendas supera con creces las infraestructuras de uso infantil.

Colloto revienta sus costuras. Un recorrido por sus calles da para contar una, dos, tres, cuatro y hasta media docena de grúas en diez minutos. Sólo en vivienda protegida, los planes de Colloto-Roces y Ciudad Jardín-Colloto aprobados por el Ayuntamiento suman 1.600 viviendas. «Más todo lo que están empezando a entregar ahora. No sé dónde van a meter tantos niños», afirma González, que forma parte del colectivo de madres que hace unos días entregó en el Ayuntamiento 2.000 firmas para pedir mayor inversión en infraestructura infantil. «Con todo lo que va a venir, lo que más asusta es que no tengan nada planificado», añade.

Son las dos de la tarde y llega el autobús a recoger a los pequeños del Colegio Público de Roces. En este aulario hay 184 niños y, aunque está «saturado», no se les queda pequeño «porque los padres se llevan a los hijos a otros colegios del centro, cerca de sus trabajos». Sólo en el curso del hijo de Pilar, casi diez niños han dejado el aula para desplazarse a otros puntos de la ciudad.

En Roces «tienen 11 aulas, una de informática preciosa, eso es verdad, pero la de clase extraescolar de pintura la tienen que dar en el pasillo», comenta Belén del Pozo, madre de un niño de 10 años. Mientras los padres hacen corros en la puerta principal, el autobús entra. Lo hace marcha atrás y con mucho cuidado por una calle en la que no puede dar la vuelta un coche. «Esto no es nada, cuando llueve, tenemos que caminar por la cuneta que está llena de barro y agua con el miedo de que se cruce algún niño», dice.

En el Centro de Salud, al otro lado de la carretera nacional, no están mucho más conformes. Con 2.000 personas por médico, además de la población de los geriátricos de la zona, «estamos totalmente superados», según reconoce el médico Saúl Suárez, mientras muestra la sala de esterilización, instalada en medio del pasillo, y la sala de descanso para los facultativos: una simple silla en recepción oculta por el archivador. Con la ayuda de la gente, al menos, consiguieron la estantería para los medicamentos, «nos la hicieron los vecinos de tanto que tuvimos que esperar».

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