
-Una década después, ¿Encuentra similitudes entre aquel partido al que usted pertenecía y el actual?
-La verdad es que no lo sé, porque llevo más de nueve años fuera de ese partido y las noticias que tengo me llegan a través de los medios de comunicación. No puedo decir si es el mismo o no; lo que sí tengo claro es que sigue existiendo el mismo nivel de manipulación interna del partido que hubo entonces.
-Usted fue expulsado del PP después de un enfrentamiento con Cascos. ¿Sigue hoy siendo alargada su sombra en el PP de Asturias?
-Sí, por dos razones. Cascos es un animal político y, no lo olvidemos, es un ex secretario general del partido que todavía conserva en Génova a miembros de su antigua cúpula, por lo que su predicamento sigue siendo importante. Si Cascos llama, Acebes no sólo descuelga el teléfono, sino que escucha con mucha atención y, a continuación, ejecuta. Aquí, en Asturias, Cascos tuvo desde el primer momento su guardia pretoriana. Personas que no cuestionaban lo que hacía y se limitaban a cubrir al jefe. Aquella guardia pretoriana estaba formada casi exclusivamente por la organización de Gijón de entonces. En aquellos momentos, había un enfrentamiento brutal entre él y Rozada.
-¿Lo pagó usted?
-No, porque la situación ya estaba reconducida desde el día en que Cascos se convenció de que Rozada, que siempre navega en el corcho que mejor flota, sean cuales sean las aguas, había apoyado frente a Fraga su candidatura a secretario general. Desde aquel momento fue un pretoriano más en la guardia.
-¿Se puede responsabilizar sólo a Cascos de la crisis que derivó en su expulsión del PP?
-Quién es causa de la causa es causa del mal causado. Pero es evidente que, si Cascos no hubiera tenido la intervención de los pretorianos, puede ser que sólo por él, dejando aparte sus problemas de 'celotipia ingenieril' con el señor Tielve, no hubiera hecho nada que derivara en la crisis que acabó con mi Gobierno. Bien es cierto que había gente que tenía mucho interés en que esa situación se produjera y Cascos aceptó encantado de la vida el envite y lo llevó adelante desde su posición de poder que, en aquel momento, era indudable. Posiblemente por él solamente, no hubiera tomado esa iniciativa. Ahora bien, hay quién azuzó ese fuego y quizás Cascos tenía razones personales contra mí que yo nunca logré entender.
-¿Qué papel jugó De Lorenzo?
-No sé si jugó el papel que se adjudicó o el que se adjudicaron, pero no hay que olvidar que la primera reunión se celebró en su casa
-¿Cree que tenía entonces algún tipo de aspiración?
-Lo desconozco. Sí tengo claro que De Lorenzo nunca fue de los pretorianos. No formaba parte del núcleo duro de la organización. No sé cuáles eran sus intereses, pero tengo seguro que él también puso sus capacidades al servicio del plan.
-¿A qué le sonaron sus manifestaciones de arrepentimiento hechas durante la última campaña?
-Me sonó a un ajuste de cuentas. No le sentó bien que Cascos criticara la presencia de alcaldes en las listas. Entonces, ¿cómo puede meter el dedo en el ojo a Cascos? Pues pidiendo perdón por la crisis. Pero si yo soy inocente, ¿quién es el culpable? Ahora me importa poco lo que digan. ¿Por qué no salieron cuando se produjo la crisis?
-¿Cree que le han utilizado?
-Me niego a que me utilicen como un arma arrojadiza. ¿Arreglaros vosotros,que sois los que creáis los problemas! Aunque yo tenía grandes amigos en el partido fuera de Asturias, no hubo ninguna voz en el PP que se levantara para criticar esa actuación. Es mucho más sencillo no llevar la contraria al aparato que apoyar a los disidentes. Ante una situación como esa, ¿qué hicieron los demás? Ni una palabra.
-«El PP de Asturias son los mismos de siempre jugando a las cuatro esquinas». ¿Qué le parece esta acusación de Cascos?
-¿Que eso lo diga Cascos...! Hay que tener poca memoria. No sé si alude, por ejemplo, a Rozada. ¿A quién se refiere? Porque en Gijón ya no están sus pretorianos. Algo similar se podría decir en Oviedo o en Avilés.
-¿Cree que a Ovidio Sánchez le ha faltado carácter durante su etapa al frente del PP?
-Ovidio Sánchez fue una persona que se encontró en su día con algo que le venía regalado. Cuando yo estaba en el partido, su única aspiración era llegar a ser presidente de la Junta General y en ello centró todos sus esfuerzos. Luego, comprobó que presidir el PP le permitiría vivir muy bien durante mucho tiempo.
-¿Piensa que los perdedores deben ser responsables, abandonar y dejar paso a otras personas?
-Está clarísimo. El gran déficit democrático que tenemos en España es de sistema. Y eso nos ha llevado hacia una partitocracia. Una persona, para seguir en una lista, debe estar de acuerdo antes con la estructura de su partido que con sus electores. Esto convierte al sistema en un rehén del propio partido. No hace falta más que recordar aquella frase estalinista de Cascos: «Prefiero un partido sin Gobierno que un Gobierno sin partido». Dejó claro que el partido es el que manda y el Gobierno es un añadido.
-¿Pasa el futuro del PP asturiano por una refundación?
-No lo sé. El PP de Asturias tiene que hacer lo que ya hizo en otros tiempos. Elegir personas con un nivel de credibilidad razonable y con un mensaje político razonable. Y luego, que no se hagan tonterías. Con una coctelera tan barata no debería tener problemas. Sin embargo, tiene que haber siempre alguien que mueva los hilos desde la profundidad. Entonces ya no funciona, porque a la sociedad es muy difícil engañarla.
-¿Qué hubiera pasado si no hubiera estallado la crisis?
-Seguramente, el PP seguiría hoy gobernando Asturias. Tengo muy claro que yo iba a ganar las elecciones a Areces. Pero, ¿no querían antes partido que Gobierno? No sé si tienen partido, pero lo que no tienen es Gobierno.
-¿Piensa que Cascos hubiera sido una apuesta segura para ganar las elecciones en Asturias?
-Si Cascos se presenta no ganaría. Puede ser cierto que concita muchos apoyos, pero también muchas animadversiones. Es algo similar a lo que ocurrió con Gabino de Lorenzo. Por eso Cascos nunca se ha presentado. Es un animal político ganador, pero no perdedor. Su problema es que no sólo tiene que ir de número uno, sino que debe decidir los integrantes del resto de la lista, y eso no se lo dejan hacer.
-¿Ve posible que vuelva con Aguirre a la política activa?
-Con Esperanza Aguirre no lo sé, pero estoy seguro de que con Mariano Rajoy no volverá. No hay que olvidar que Cascos se alejó de la primera línea cuando abandonó su principal valedor, Aznar.
-¿Piensa que el PP sufre un gran déficit democrático interno?
-No lo sé. Lo que sufre son enormes atracones de manipulación. El PP es un partido en el que sus principales responsables se han profesionalizado. La política, para ellos, no es un servicio; es una profesión, una forma de ganarse la vida. Eso comporta la necesidad de mantenerse en el sillón. Uno no está para dar respuesta a las necesidades de las demandas. Ese no es un problema de ahora. Es un problema que ya existía entonces. Lo que ocurre es que ahora se ha exacerbando y se manifiesta en forma de caciquismos monstruosos, en forma de déficit democráticos.
-¿Es eso lo que provoca las luchas intestinas en el seno del partido?
-No nos equivoquemos. Luchas internas las hay en todos los partidos. El que diga lo contrario, miente. Lo que ocurre es que, mientras en el resto de partidos la ropa sucia se lava en casa, en el PP no. Ni ahora, ni antes. Ni en Asturias, ni en Madrid.
-¿Reside el problema en las personas? No hay que olvidar que suguen buen parte de las mismas que en su época como presidente.
-Claro, porque está profesionalizado. Es más, los nombres que han salido a la luz para gestionar este nuevo periodo -Aréstegui, Goñi y Caunedo- ya tenían cargos relevantes en el partido en mi época. Si añadimos a Isidro Fernández Rozada, que ingresó al servicio del partido como funcionario en el 76... El gran problema es ese. Las caras que se ven ahora son las mismas que hace décadas. No hay más que revisar la candidatura al Congreso que el PP presentó este mismo año.





