
El fallecido, de 40 años, casado y con dos hijos era muy conocido en Tineo y en Cangas del Narcea. Junto a su hermano dirigía sendas perfumerías en las dos localidades. La familia vivía su dolor en la intimidad de la sala del tanatorio, mientras los corrillos formados en el exterior del edificio repetían que José Manuel era «una buena persona». Dicen quienes conocían los hábitos del grupo que sus salidas no eran organizadas en masa. «Sólo unos pocos conocidos del pueblo que quedaban si hacía buen tiempo. Les gustaba disfrutar de la carretera con prudencia. Sé que nunca pasaban de 80 en ese tramo», contaba el mismo joven.





