SU nombre no da lugar a confusión: Robert Menasse. Vive a caballo entre Viena y Amsterdam. Conocemos bien el 'Accionismo Vienés' en materia pictórica, artística, provocadora; pero muy poco de lo que pasa en sus letras. Menasse hace sin querer hacerlo la novela más parisina de toda Europa, más proustiana, prosa de largo aliento y suculenta sintaxis. «Tiempos felices, frágil mundo» (Alianza), novedad en las librerías, es muchas cosas: la historia de una pareja por simpáticos episodios, la insolencia de la juventud, el alcohol de las lecturas imprescindibles, la política en el amor y bajo la vida en llamas. Narrada «a bloque», sin división capitular alguna, con unos tiempos muy medidos y una forma completamente musical de narrar, parece casi una obra cinematográfica de la 'Nouvelle Vague'. Una obra en esa frontera -casi difusa- que separa la filosofía de la narrativa y podría configurar una extraña suerte de 'novela filosófica'. Se lee de un tirón gracias a la excelente edición de Alianza, márgenes amplísimos, excelente tipografía y un tratamiento del texto muy joven, desde la juventud y sobre la juventud, en unos años donde siempre resulta completa mostrarse objetivo. Novela de mesas con velas y botellas de Chianti forradas de rafias. Novela sobre mil y un temas en los años en los que la boca rezuma saliva y sueños. Novela de brillos imprevistos: «Los ojos son las ventanas del alma, no sólo para el sabio, dijo, queriendo decir con eso que eran las cerraduras que podrían abrir las puertas del cuerpo» (pág. 26). Novela sobre la contemplación del contrario y, al mismo tiempo, su progresiva y detenida asimilación. Personajes separados por la verja de hielo del humo de un cigarro compartido, por la veladura de unos sueños que no saben si se cumplirán, por un tiempo en presente en el que no se mueven y muy poco les importaría languidecer en él como mártires o dioses. Cierto perfume a Mayo del 68, a barricada e ideas en conflicto; cierta política del amor antiburgués por excelencia y la vigencia de una serie de lecturas (Hegel, especialmente) en pugna siempre con la realidad. Libro en el que se duerme vestido, dispuesto en todo momento a huir. Donde se come con los dedos y se mira fijamente a los ojos. Duelo y belleza.