Hay que reconocer que Zapatero aportó datos e hizo razonamientos económicos pedagógicos, como que los ingresos de la Seguridad Social seguían aumentando al 7%. No obstante, aún reconociendo que la crisis es de carácter internacional y ajena a los manejos de la economía realizados por el Gobierno de España en la pasada legislatura, resulta un tanto ilusorio interpretar los datos de la coyuntura como un bache temporal. Cada mes se rebajan las previsiones de crecimiento, disminuye la recaudación tributación, aumenta el paro, la morosidad bancaria y las suspensiones de pago de empresas. Aparte, el superávit presupuestario y el fondo de reserva de la Seguridad Social no son un dique consistente frente a los quebrantos empresariales y laborales.
Lo más sorprendente de las declaraciones de Zapatero fue la reorientación de las alianzas políticas. Sin titubeos, aseguró que el mensaje de las urnas le obliga a corregir cosas, y entre ellas está el incremento del diálogo. Zapatero está dispuesto a contar más con el PP, algo muy distinto a lo que preconizaba al empezar el anterior mandato. Ahora bien, puestos a constatar afirmaciones llamativas, lo más destacado fue el alegato antimachista que se marcó Zapatero: nunca se había oído algo parecido a ningún gobernante en España.





