
-¿En qué consiste la disrupción?
-El término alude a los problemas que se encuentra el profesorado en el día a día, sobre todo en Secundaria, los intentos que realizan los alumnos para impedir al profesor cumplir su tarea, explicar la lección, plantear actividades, etcétera.
-¿Cuáles son sus causas? ¿Residen más en la formación que se recibe en el propio colegio o en las casas?
-Influye todo, pero el elemento fundamental radica en que en la Educación Secundaria ha pasado de ser selectiva a recibir a todos los jóvenes hasta los 16 años. Antes, la mayoría que asistía a clase lo tenía muy claro, sabía qué tenía que hacer para acceder a los estudios superiores, estaban motivados Hoy están todos, lo que supone una conjunción de intereses muy diferentes, de motivaciones distintas, de actitudes de colaboración, pero también de oposición. Se trata de un síntoma de que no estamos atendiendo lo suficientemente bien a esta diversidad del alumnado, no por responsabilidad de los profesores, sino por el sistema.
-Se trata entonces de un fenómeno nuevo...
-Así es. Corresponde sobre todo a los últimos quince años.
-¿Qué estrategias existen para atajarlo?
-Lo primero es formar al profesorado en adquirir las competencias necesarias para hacer frente a esta diversidad. Los profesores son gente que sabe mucho de su asignatura, están muy preparados, pero, y me incluyo porque he trabajado durante 22 años como profesor, no hemos recibido una formación específica sobre cómo tratar a los alumnos. En segundo lugar, hay que flexibilizar mucho más la Educación Secundaria, ver que el objetivo es único, sacar el graduado, pero que los caminos para alcanzarlo son muchos. Yo soy muy aficionado a caminar por la sierra de Guadarrama y subir al pico de La Maliciosa, desde donde se ve una panorama magnífica de Madrid. Hay tres caminos diferentes para subirlo, por el fácil que puede hacer todo el mundo, uno de dificultad grande o escalando. Hoy pretendemos que todos vayan por el mismo camino, lo que es condenar al fracaso a mucha gente. Lo importante es conseguir el objetivo, aunque sin rebajar la exigencia.
-¿Es el actual sistema educativo lo suficientemente flexible para conseguir este objetivo?
-Debe serlo.
-¿Cuál es la incidencia de la disrupción en los colegios asturianos?
-Aún no tenemos datos exactos. El problema es que es un tema poco estudiado. Hasta ahora, los esfuerzos se han dirigido más al problema de la violencia en las aulas. En la actualidad, el Observatorio Estatal de la Convivencia está realizando un estudio sobre la incidencia de este tipo de casos en toda España. A finales de junio esperamos presentar las conclusiones.
-En cualquier caso, la percepción es que la violencia en las aulas ha aumentado en los últimos años. ¿Es así?
-Sí, ha aumentado mucho. Es un fenómeno importante, que afecta sobre todo al último ciclo de Primaria y primero y segundo de Secundaria, pero que va disminuyendo según aumenta la edad. Es un problema que preocupa en todo el país, pero creo que poco a poco estos niveles irán disminuyendo.





