
En 'Diferentes teorías sobre el origen de los vaqueiros de alzada', título de la conferencia que ayer impartió en el Ateneo Jovellanos, Baragaño reflexionó sobre «la causas por las que vivieron durante tanto tiempo marginados» y argumentó que esto fue debido, principalmente, a que «practicaban un tipo de vida al margen del resto, que fue desapareciendo y que en muchas ocasiones chocaba con el resto de la población».
Según Baragaño, los vaqueiros de alzada «vivieron perseguidos y aislados durante mucho tiempo». En opinión del escritor, «eran mal vistos por la Iglesia, la nobleza e incluso por los propios aldeanos». Respecto a su origen se ha escrito de todo, desde que los que aseguraban que eran próximos a los celtas, hasta los que defendían su procedencia judía o incluso descendientes de vikingos. Estos y otros orígenes fueron mencionados por Baragaño, que resumió en una conclusión el desfile de hipótesis que se han manejado a lo largo de la historia: «Lo más probable es que sean asturianos normales y corrientes, que continuaron practicando la trashumancia ganadera y un método de vida muy arcaico, distinto al resto», sentenció el responsable del Aula de Cultura de 'La Voz de Avilés'. Ese historia de discriminación acabaría desembocando en que los vaqueiros formaran parte de «los pueblos malditos de España, junto a los agotes de Navarra, los pasiegos de Cantabria y los maragatos de León».
No fue el ponente de ayer el primero en estudiar las costumbres de este grupo humano con señas propias de identidad. «Jovellanos fue el primero que escribe un poco en serio sobre ello y ya decía que no eran tan distintos», rememora, antes de señalar su relevancia al ser «un grupo social que sólo está en Asturias, en la zona occidental entre los ríos Navia y Nalón».
Pese a su condición de asturianos, Baragaño también citó algunas de sus particularidades como pueblo, sobre todo en el «folclore». «En su música no tienen gaita, sino que usan panderos y la payecha, una especie de sartén metálica». Y también su forma de vestir guarda diferencias con el traje tradicional asturiano, «al llevar sombrero en lugar de la montera picona».
Integrados
Pero, ¿qué queda de ellos hoy en día? Esa es la pregunta que muchos se hacen. A juicio de Baragaño, en la actualidad hay «muy pocos que sigan con la forma de vida tradicional de la trashumancia, que suban a los pastos altos en verano y bajen a las brañas en invierno». Calificados como «viandantes y forasteros» en gran parte de su historia, el escritor detalla que «hasta el siglo XVIII vivieron absolutamente marginados.
A partir de 1812 empezarían a reivindicar sus derechos, aunque no será hasta principios del siglo XX cuando se acabarán las discriminaciones». En la actualidad, viven «integrados y mezclados» -matiza que antes sólo se casaban entre ellos- e incluso algunas costumbres se han heredado hasta los tiempos presentes, como ocurre con las bodas vaqueiras.





