La ministra de Vivienda, Beatriz Corredor, recogió el guante, apostó por el diálogo con todos los agentes y administraciones implicados en el negocio pero dejó entrever que el Ejecutivo exigirá a las empresas su parte de sacrificio.
«Nuevos retos para seguir construyendo» era el lema de las jornadas organizadas por la CNC y la Asociación para el Progreso de la Dirección. Un foro en el que los empresarios expusieron que sólo la implicación decidida del Gobierno para dar salida al medio millón de pisos 'colgados' que no hoy encuentran comprador permitirá al ladrillo salir de la crisis que vive y que, según todos los análisis, aún no ha alcanzado sus verdaderas dimensiones.
Ni los planes aprobados la semana pasada por el Consejo de Ministros ni el interés mostrado por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero han calmado a los promotores.
El sector vive asfixiado por una demanda inerte que, o no puede comprar (en la mayoría de los casos) o prefiere retrasar la adquisición en busca de gangas. A esto se suma la presión de los bancos, que cada día aprietan un poco más en las condiciones de sus créditos.
Un escenario de inacción que está sembrando el camino de 'cadáveres' empresariales en concurso de acreedores. Juan Jiménez Aguilar, secretario general de la CEOE, urgió a Zapatero a convocar el diálogo social: «Tendrá que llamar pronto a las partes e intentar que la desaceleración dure lo menos posible».





