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GIJÓN
Pioneros
30.04.08 -

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UN antiguo proverbio chino recoge la máxima «en la tierra no había caminos, han sido hechos por un gran número de transeúntes». Transeúntes a los que, en términos de la Real Academia Española, podemos llamar sin miedo a equivocarnos, pioneros, personas que inician la exploración de nuevas tierras.

Curioso fenómeno el de la asociación de ideas. Esta palabra inmediatamente genera en mí una serie de evocaciones entrañables: películas de vaqueros, sábados tarde de la infancia pegados al televisor, en blanco y negro, por supuesto: 'Cimarrón', 'La Conquista del Oeste' y tantas otras películas en las que, entre bromas y veras, pero siempre en tono épico y al mejor estilo Hollywood, se narraba la construcción de Estados Unidos. Un país construido sobre la base de la conquista de los grandes espacios del Oeste y por qué no decirlo, en muchos casos también sobre la violencia. Y en el que el sudor y esfuerzo de tantos y tantos inmigrantes europeos alimentó la caldera de los sueños capitalistas hasta alumbrar a la primera potencia económica del siglo XX. Algunos de esos pioneros salieron a principios del siglo pasado de Asturias y se instalaron en la soleada Florida, fundando barrios enteros como el de Ivor City en Tampa, en el que el idioma normal de comunicación era el castellano y, en menor medida, el italiano. Otros, los menos, se instalaron en el frío norte, al calor de la pujante industria siderúrgica de ciudades como Chicago.

Dos jóvenes asturianos, con menos de veinte años, engrosaron las filas de estos pioneros astures: Román y Alfredo, los abuelos de éste juntaletras. A este último, Alfredo Prendes Muñiz, gracias a la labor de otros dos auténticos pioneros, Daniel Castañón y Jesús Cosíe, entrenadores de los Gijón Mariners, se le tributó un pequeño homenaje el pasado sábado en recuerdo de su participación como jugador de 'football' americano en los albores de la hoy superprofesionalizada NFL.

Una buena oportunidad para desempolvar viejos recuerdos familiares, y tomando aliento, pararse a pensar un momento en las sensaciones que pasarían por la cabeza de aquel fornido joven. Transplantado, por mor de sus ilusiones, de la verde, rural y atrasada Asturias al pujante y cosmopolita Chicago de los felices veinte. Cuánto no sería el choque cultural y el desarraigo sufrido y, sin embargo, la capacidad de integración de un país tan inmenso hecho del aluvión de tantas gentes diversas, siempre fue mucho más fuerte. Tanto como para mantener vivo hasta su prematuro fallecimiento el sueño del retorno. El recuerdo de estos tiempos pasados debería servirnos para entender que la emigración, el fenómeno más importante al que nos enfrentamos en nuestro mundo actual, debería ser visto como una oportunidad más que como un problema; en el fondo todos somos emigrantes, o hijos de emigrantes, o nietos, o tataranietos de emigrantes.

Pero no me olvido que esto iba de pioneros, así que no me gustaría acabar sin mencionar que hoy, en esta Asturias nuestra, también hay múltiples pioneros; nuestro futuro en buena medida depende de ellos; sólo hay que saber verlos. Pioneros son los pequeños y no tan pequeños empresarios que, en lucha con una cultura empresarial nada favorable, se atreven a salir por el mundo a vender su producto y su idea. Pioneros son los jóvenes que andan formándose en universidades y centros científicos punteros del exterior, adquiriendo conocimientos y ciencia en la duda de si algún día la podrán aplicar en su tierra. Y, por qué no decirlo, pioneros son también ese reducido grupo de notables gijoneses que, en un breve pero demoledor manifiesto, se atreven a enfrentarse a la última verdad oficial, la que pretende robar el horizonte al arenal de San Lorenzo para colocar unos gigantescos molinos de viento en pos de un desarrollismo energético, innecesario y especulador.

Después de todo, la segunda acepción de pionero es la que define a los que dan los primeros pasos en alguna actividad humana y, de entre éstas, una de las más nobles es la del ciudadano consciente que se atreve a gritar «el Rey está desnudo».

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