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Hagámonos los suecos
30.04.08 -

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YA es oficial. Ya estamos en crisis. Cae la venta de pisos, se matriculan menos coches, sube el precio de los alimentos básicos, el Gobierno rebaja las previsiones de crecimiento y crece el paro. Después de negaciones, acusaciones de falta de patriotismo durante la campaña electoral, dimes y diretes varios, la cosa ya no se puede disimular más. No podemos mirar para otro lado ni podemos hacer oídos sordos. Señoras y señores, esto es lo que hay: bienvenidos a la recesión.

Vale, muy bien, de acuerdo: estamos en crisis. Pero, en realidad, ¿va a ser muy grave? ¿O es un cuento para meternos miedo y que algunos peces gordos ajusten sus cuentas de beneficios? ¿Va a ser como el 'efecto 2000' por el que todos los ordenadores del mundo se iban a colapsar con la llegada del nuevo siglo y luego no pasó nada? ¿O va a ser como la entrada del euro en la que no pasó nada pero luego el pan, el periódico y el café pasaron de valer cien pesetas a costar un euro?

Hombre yo, ¿qué quieren que les diga? En principio, es muy difícil saber si una crisis económica va a ser grave o no. En primer lugar, porque cada cual tiene su propio baremo y siempre hay que tomar como referencia alguna otra cosa. Las crisis son más o menos importantes en función de la escala de medición que apliquemos y eso me recuerda a aquella señora que, cuando le preguntaban qué tal estaba su marido, siempre respondía: «¿Comparado con quién?».

Y, en segundo lugar, es complicado saber lo que va a pasar, porque las crisis económicas tienen mucho de subjetivo. Son círculos viciosos que se retroalimentan. Es decir, si no hacemos otra cosa que hablar de la llegada de la recesión, la gente se acaba asustando, deja de arriesgarse, la economía se paraliza y, efectivamente, llega la recesión. Es decir, en toda crisis hay algo de profecía autoinducida. Por eso, es fundamental mantener la calma y el sentido común.

Además, las crisis no son siempre negativas. En toda recesión hay algo de reajuste necesario. Es verdad que algunos reajustes son más simpáticos que otros. Por ejemplo, a nadie le da pena (excepto a algunos promotores, claro) que los pisos bajen de precio. La cosa inmobiliaria estaba inflada y todo el mundo entiende que un reajuste en el ladrillo va a venir muy bien. Los bancos y los constructores ganan demasiado y no está de más que ahora empiecen a vender sus pisos a un precio normal. Es decir, que dejen de aplicar esos márgenes 'modelo pelotazo' tan increíbles. Eso es un reajuste necesario. Sin embargo, a todos nos da pena o incluso nos indigna (excepto a algún mal nacido, claro) que se disparen los alimentos básicos y que, por ejemplo, el precio del kilo de arroz se haya multiplicado en las últimas semanas. Ahí es cuando surge la duda ¿Son necesario estos ajustes? ¿Algunos sí y otros no? ¿Debemos frenarlos o, por el contrario, debemos dejar que se transmitan a toda la cadena de valor y que, por ejemplo, la subida del precio de la leche termine favoreciendo también a los ganaderos y a otros productores?

Cada día me gusta más el modelo económico sueco. Gente seria, reflexiva, pero con nervio. Tienen fama de fríos, de aburridos y de suicidarse en masa. Tonterías. Creo que en momentos como éste debemos aprender mucho de ellos. Debemos mantener la calma, buscar el origen de las cosas y no andar poniendo parches baratos que dan la sensación de aliviar los dolores pero que en absoluto curan la enfermedad.

Estoy hablando, por supuesto, de los famosos cuatrocientos euros de devolución del IRPF, o de las ayudas a los jóvenes para la compra de ordenadores, o de las subvenciones al alquiler también para los jóvenes o de los 'cheques-bebé'. Eso sí que son tonterías; eso sí que es suicidarse en masa. A ver. Se reciben los euros y están muy bien. Pero no ayudan a combatir esta crisis. Es más, creo que la empeoran.

La gente no quiere ayudas. La gente no quiere limosnas. La gente no quiere cheques-regalo. La gente lo que quiere es trabajo. La gente normal (excepto algún caradura, claro) quiere empleos, salarios y pensiones dignas. Salud y trabajo; eso es lo básico. Y eso se consigue estimulando la creación de empleo y la competitividad de las empresas. Pero en serio; como lo hacen los suecos. Sin chapuzas, sin parches, con valentía. Y eso, si quisiéramos, podríamos hacerlo nosotros. Que para algo tenemos la bandera igual que ellos (ya saben: cruz amarilla sobre fondo azul).

Y, si no me creen, vayan al Ikea y copien el sistema.

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