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Travases
30.04.08 -

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HEMOS crecido con excesiva desmesura y sin ninguna ley que nos obligara a tener en cuenta qué precio pagábamos por ese crecimiento. Así la construcción, que ha sido fuente de riqueza pero también de brutal especulación, ha tenido vía libre para construir como y donde quisiera con tal de contar con la venia del ayuntamiento de turno, que en ningún momento se ha ocupado de exigir con qué infraestructuras contaban los cientos de miles de viviendas que han asolado las playas y montes de España. En muchos casos ni ha habido canalizaciones adecuadas para los desechos cuyo volumen no se había calculado, ni asistencia sanitaria para los futuros ocupantes de las viviendas ni, por supuesto, el agua necesaria para ellos, sus piscinas y sus campos de golf.

El mal está en la imprevisión y la falta de control, siempre al servicio de ese incontrolado crecimiento. Y así hemos visto que las distintas comunidades se han enzarzado en luchas que no hacen sino fomentar el odio pero que tampoco arreglan nada.

Hay políticos defensores del liberalismo económico, partidarios de construir un gigantesco trasvase que enriquezca a las grandes constructoras y permita llevar el agua del río Ebro a las comunidades del sur (que, por cierto, han sustituido la mayor parte de sus huertas por urbanizaciones o campos de golf) sin tener en cuenta que el agua es la vida de los ríos, incluso -lo que no sabía el señor Matas- cuando van a parar al mar. Y hay otros con distinta ideología que consideran que no vale esa única solución que consiste en expoliar un río con un trasvase de por vida, sino que hay que diversificar las soluciones: eficiencia y ahorro, acuíferos, agua de mar, etcétera.

Así vemos a diario cómo comunidades partidarias del trasvase para la eternidad llaman insolidarios a los territorios del Ebro, mientras que éstos se niegan a hipotecar 'in eternum' su agua que consideran un bien escaso precisamente por la cantidad de pantanos aguas arriba del río.

El experto Pedro Arrojo, impulsor de la nueva cultura del agua, que no es partidario de los trasvases (ni del Ródano, que no es solución ni a corto ni a largo plazo como defiende el señor Mas), dice que otra cosa es ayudar a solucionar el problema de una ciudad durante los meses que necesita hasta que estén en funcionamiento sus plantas de desalación.

La imprevisión está en la raíz de todos estos males y la falta de lluvia, por supuesto. Pero nada es comparable con el odio con que desde hace unos años se hablan los políticos españoles entre sí.

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