
El sitio que ocupa «centralizado y accesible» resulta goloso hasta para el arquitecto. Considera que el lugar, con el aprovechamiento de las naves, es idóneo para albergar desde un «campus tecnológico público y privado» hasta «un pabellón deportivo o un 'spa'». El vértice noroeste de la parcela es apto, dijo, para «usos residenciales y terciarios (como franquicias hosteleras y hoteleras)».
Molina habló del posible futuro de la fábrica en una conferencia organizada por la sociedad cultural La Escandalera en la Universidad, a la que asistieron muchos trabajadores de La Vega. El profesor Aladino Fernández, que presentó el acto, dejó claro que el interés principal «es que la actividad fabril continúe», pero «nuestro deber también es plantearnos todas las opciones». Y reutilizar las instalaciones de la fábrica, priorizando la conservación, es una de ellas.
Cumplido el objetivo de protección, Oviedo tendría «un tejido urbano alternativo» en La Vega, según Molina. De hecho, además de campus universitarios u hoteles, admitió la posibilidad de que albergue «usos museísticos, salas de arte, cafés o boleras». Y los «óptimos» chalés que lindan con La Tenderina se pueden reconvertir «en cibercentros o guarderías». En definitiva, un amplio abanico de posibilidades que Molina cree que representan una oportunidad para «reforzar la capitalidad de la ciudad».
En su ponencia, no pasó por alto el plan del arquitecto César Portela para la Fábrica de Gas, que pasa por conservar el gasómetro, restaurar los principales edificios y construir cinco nuevos, para viviendas y uso público. Lo acoge con «cauteloso optimismo, pero se acerca notablemente a lo que puede ser la salida del túnel de la fábrica».





