Viene esta reflexión al hilo no del 2 de mayo bicentenario, que también podría ser, sino del '59 segundos' de la otra noche, donde comparecía el presidente Zapatero en carne mortal, si es que aún puede emplearse el tropo para describir a alguien tan espirituoso. Porque, en efecto, fue aparecer Zapatero y perder este programa la señal que lo caracteriza, que es precisamente el capar el micrófono a los '59 segundos' de locución. La semana pasada lo vimos hasta el abuso con Esperanza Aguirre, a cuyo verbo florido (con frecuencia, en la subespecie de cactus) se le aplicó la poda sin la menor misericordia. Con el presidente del Gobierno, por el contrario, no hubo rigidez alguna, al revés: se explayó cuanto quiso sin que nadie, ni moderadora ni interrogadores, levantara la menor objeción, y sin que el micrófono menguara. Y está bien, porque así es más fácil entender lo que se dice, y de esta manera se da a la palabra la importancia que merece, pero, hombre, o todos o ninguno, ¿no?
Si la impertinencia del micrófono capador se suprime, que sea para todo el mundo, no sólo para el jefe. He aquí un buen propósito para la conmemoración de 1808. (Postdata: Fernando VII, además de jugar al billar con ventaja, también usaba paletó, como han sabido los niños hasta hace bien poco. El paletó era un gabán de paño grueso, largo y entallado, pero que no tenía faldones, y en eso se diferenciaba de la levita. En realidad no consta que Fernando VII usara paletó, y menos cuando jugaba al billar).





