Hay que darnos moral, ya que no pueden ofrecernos resultados, y el presidente Zapatero nos ha asegurado que va a empezar a bajar la inflación. Nos conviene creerlo, aunque no sea por otra razón que instalarse en el pesimismo es muy incómodo: no sólo duelen los riñones sino el corazón. Shakespeare, que ponía bien los adjetivos, llamó «engañosa» a la esperanza, pero no pudo convencernos suficientemente de cómo se puede vivir sin ella. Por eso hizo con preferencia tragedias y no se dedicó al sainete.
No debemos criticar al presidente por no creer que la luz que se divisa al final del túnel es la de otro tren que viene en dirección contraria. Sus detractores dicen que tiene pocas luces, pero al menos ve una luz dispuesta a iluminar tiempos mejores. Vislumbra un «pequeño repunte» del paro y ve «moderadamente posible» algunos pactos necesarios. Todo va a ir a mejor. Faltan apenas 59 segundos.





