
«Lo lógico es que fueran microbuses ecológicos, ¿no?», dice Raquel Sardinero, una madrileña que se ha acercado a la comarca con un grupo de amigos. Ella, Juan Francisco Arévalo, Gema Lanchas y María José González están hospedados en Cangas de Onís y hoy se acercarán «a ver la costa».
Ayer tocaba montaña y, como no puede ser de otra forma, la visita obligada a los Picos de Europa se cumplió. «A las nueve y media cogimos el autobús en Cangas y no éramos ni diez personas», dice Juan Francisco. «Así que entre los pocos que éramos y lo que contaminan estos grandes autobuses deberían plantearse cambiar los vehículos». Y, ¿el precio? «Un poco caro, ¿eh?», afirma riendo el madrileño. «Yo al principio pensé lo mismo pero cuando vi la carretera comprendí que los seis euros estaban justificados», añade Gema riendo. María José opina lo mismo. «Es más tranquilo subir en autobús y seis euros tal vez sea excesivo», dice, «pero la carretera 'telita' con ella», bromea. Es decir, que de no ser por los autobuses lanzadera hubiera resultado bastante difícil que estos jóvenes se acercaran al Enol y al Ercina en la mañana de ayer.
Igual que Mercedes Rodríguez, Miguel Ángel Parla y sus hijas Natalia y Cristina. «Sabíamos que existía este plan y no dudamos en subir en autobús», explicaba Mercedes. También vienen de Madrid y «estamos encantados con lo bonito que es todo esto», dice la matriarca nada más bajarse del autobús en el aparcamiento de Buferrera. «Creo que está muy bien organizado todo aunque los autobuses son, algunos, demasiado viejos y, sobre todo, muy grandes», comenta. «Si pusieran una flota de microbuses sería menos peligroso y, por supuesto, menos contaminante», asegura la madrileña. «Creo que en vehículos más pequeños no pasaríamos tanto miedo», dice mirando a su hija menor, Natalia, de tan sólo 5 años. Pero a ella poco le preocupa el peligro. «Hemos visto un montón de vacas y yo no he tenido miedo», dice la pequeña que hoy, junto con sus padres, visitará la costa aprovechando su estancia en Poo de Llanes.
En coche
Los que llegaron de visita también fueron un grupo de montañeros aficionados en los que la diversidad de culturas era protagonista. Liria Crijirovschi llegó de Rumanía; Yomilka Caram, de la República Dominicana; Esteban Gridilla, de Nápoles; Miriam de la Fuente, de Madrid y Javier e Ildefonso Noriega, de Gijón. Todos comparten la misma opinión aunque todos subieron, antes de las nueve de la mañana, en coche.
«Los autobuses, además de ser grandes, son viejos y emiten mucho humo negro», decían. «En las Montañas Rocosas de Estados Unidos utilizan vehículos biodiésel y eso mismo es lo que deberían hacer aquí». De esa forma, consideran, «estaría justificado el excesivo precio para subir».





