
A partir de ahora, a quien le toca mover ficha es a la justicia. Los bibliotecarios habían realizado una primera querella por cesión ilegal de trabajadores. Una vez finalizado sus contratos, han presentado una segunda denuncia por despido nulo, que esperan que se resuelva con la readmisión. No todos se muestran optimistas.
Liliana Tuero, ex bibliotecaria de Tudela Veguín, ve «complicada» la situación porque, asegura, «sí (el Ayuntamiento) está tan mal de dinero, no creo que llegué a sacar plazas públicas». Y, a nivel privado, no hay muchas empresas que se dediquen en Asturias a la gestión de servicios culturales.
Consuelo Veiga, por su parte, prefiere mantener la esperanza. Esta bibliotecaria llevaba 17 años al frente del centro de Ventanielles. Muchos usuarios se acercaron esta semana para despedirse y manifestarle su apoyo. «Confío en ganar el juicio y que el Ayuntamiento saque las oposiciones para ponerme a estudiar ya; ¿qué otra cosa puedo hacer?», dice. Consuelo es una de los tres afectados que obtuvo su plaza por oposición. Pero el puesto no se consolidó debido a la política de privatizaciones del Consistorio. Su contrato se fue renovando año tras año, hasta ser rescindido más de una década y miles de actividades después. «Sólo espero que la gente que empiece lo haga con energía, porque hay mucho que hacer», comenta.
En el lugar de estos profesionales, y hasta que se decida a sacar a concurso público las seis plazas prometidas, el Ayuntamiento va a cubrir las bajas con contratos de colaboración social, algo que la oposición califica de «precarización» de un empleo ya de por si precario. Y es que el sueldo de estos bibliotecarios rondaba los 1.000 euros.
Sin continuidad
Lo que parece seguro es que no habrá continuidad en el servicio. Entre la salida de estos profesionales y la entrada de los nuevos contratados, no ha habido ninguna comunicación. Nadie se acercó esta semana hasta las bibliotecas para tomar el relevo de las actividades y tener una primera toma de contacto con el sistema informático o las actividades previstas.
«No me gustaría estar en la piel de ninguno de ellos», asegura Liliana Tuero. Ha dejado su trabajo atado pero no sabe cómo hará el Ayuntamiento para ofrecer el mismo servicio con la mitad de gente. De la misma opinión es Consuelo. «El modelo no es como el de Gijón, más centralizado. Aquí cada biblioteca gestiona las compras, los pedidos y los recursos», concluye.





