
Kike Figaredo está implicado en esta campaña como lo están decenas de ONG de todo el mundo, especialmente las que trabajan en ayuda humanitaria para mutilados que lo son por haberse encontrado en su camino con un explosivo y las que invierten esfuerzos y dinero en desminar campos, como los de Camboya.
Pero en esta ocasión las ONG no están solas, son muchos los gobiernos que se han apuntado al reto de calado mundial. El español, entre ellos, aunque, en palabras del sacerdote, «no con una posición de implicación radical, como, por ejemplo los gobiernos de Noruega o Suecia, que apuestan por una norma que acabe con este problema de raíz».
«No vale», advierte el obispo de Battambang, «con participar y poner buena cara en las reuniones que se están celebrando». La próxima será en Dublín, entre el 13 y el 30 de mayo. «Lo que hay que hacer es apostar por la erradicación total y para eso se necesita una ley internacional que no ofrezca ambigüedades, que sea firme y no permita que se sigan fabricando bombas racimo y acabe con esta forma de terror».





