La prueba del nueve está en las Cortes de Cádiz, finalmente deshuesadas en Madrid. Allí se cocinaron de forma casi simultánea a los cuadros alusivos de Goya algunos artículos constitucionales que podríamos tildar de afrancesados.
Así, la distribución de las tierras desaprovechadas entre la gente humilde, la libertad de prensa, el punto final a la tortura, la eliminación de las jurisdicciones señoriales o la clausura de la Inquisición.
Aires de progreso que orientaban su veleta hacia las transformaciones sociales que ya se habían vivido en Inglaterra -aliada en ese periodo- o en la Revolución Francesa.
Al final, Fernando VII y sus bolas de billar cortaron la racha. Bien es cierto, la semilla quedaba sembrada.





