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Desde Gijón y Oviedo
Adeflor acudió a recibir a los soldados asturianos del Regimiento Príncipe y se desplazó a Sevilla en vísperas de la llegada del Tarragona
03.05.08 -

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Hubo en la guerra de África soldados asturianos, los del Regimiento Príncipe, con base en Oviedo, y los del Tarragona, en Gijón. Con todos los militares tuvo Adeflor una relación muy especial. «Era un personaje muy conocido, cuando va a recibir a los militares asturianos todos le reconocen, saben quién es», relata Luis Arias.

Con todo lujo de detalles recoge el periodista la llegada a puerto del Regimiento con base en Oviedo, que se plantó en el Norte de África antes que el Tarragona, al que Adeflor fue a buscar a Sevilla. En la capital andaluza estuvo varios días, compartiendo charlas y 'vermouths' con los soldados ansiosos por saber qué iba a pasar cuando llegaran a África.

«En cuanto me presento en el interior del cuartel, llegan hasta mí en tropel los gijoneses. Estrecho cientos de manos, y todos, anhelantes, me asedian a preguntas. (...) Yo, yendo de grupo en grupo, les explico las tomas de Sebt y Atlaten que aseguran la posesión completa del Gurugú y les auguro que, de un momento a otro, nuestra bandera ondeará en las más altas cumbres del fatídico monte. También me preguntan por los del Tercio». «¿Son tan... corajudos como dicen?», le interrogan, y el responde que más de lo que piensan y saca su Kodak y comienza a retratar a la tropa. «¿Qué tal? ¿Hay comodidad?», se interesa Adeflor, que recoge en su crónica la siguiente respuesta: «Por lo menos entretenimiento por la noche háilu -responde uno de Somió-. Debe ser pa que nos vayamos acostumbrando a matar moros». Relata el periodista que reina el buen humor, que nadie se queja de las penalidades, que los asturianos del Tarragona «llevan el espíritu preparado para cuanto haya que sufrir».

Destaca Luis Arias el perfecto conocimiento que adquiere Adeflor de la vida de los soldados. «La milicia, entre sus inconvenientes, tiene sus ventajas. Muchos aprenden en el servicio a leer y escribir, y los que no son analfabetos adquieren esa ciencia que dan los viajes», escribe el periodista, que no escatima detalles de todo tipo, desde la descripción de los barracones de madera «amplios e higiénicos» en los que viven los soldados del Tarragona, la situación de los enfermos e incluso la nostalgia de todos. «Estos muchachos están demostrando una gran resistencia», dice de ellos Adeflor, que informa de que pronto -el 6 de diciembre, justo cuando él regresa- sale de Gijón un vapor que transporta los encargos de las familias de los soldados.

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